CAPÍTULO 6. JUSTICIA, PARTE II

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— ¿Luz de La Justicia? – Al parecer era el nombre de tan pesada espada. Lograba notar a simple vista su gran poder, pues la misma lo emanaba. Asumí al acto que dicha espada le pertenecía al mencionado héroe Harry Goldust.

— Sí, la espada más fuerte conocida, ahora en tus manos. Pero veamos qué tan fuerte puede ser en tus manos, ¡En guardia! – Soltó una sonrisa, habiendo desaparecido luego de ello. Tuve miedo, claramente sus palabras se referían a que combatiría contra mí. Me preguntaba a dónde había ido, y qué debía hacer yo, no tenía la mínima idea de como empuñar una espada, y menos una tan grande como aquella que poseía.

Sin embargo, mis instintos me guiaron, sentí el fuerte impulso de voltear levantando dicha espada hacia mi frente.

En ese mismo instante, logré defenderme de un inminente ataque que lanzaba el rubio, chocando esta espada ante una espada corta que blandía aquél chico.

— Nada mal. – Expresó para desaparecer por segunda vez. Tenía miedo, pero mis instintos me guiaban, era como si mi cuerpo respondiera a los movimientos de mi adversario, me decía que hacer.

Rápidamente solté mi mano derecha de la gran espada, cayendo su filo al suelo por su fuerte peso. Logré detener con mi palma derecha aquella espada corta que Kenny dirigió hacia mi espalda. Sentí dolor, estaba sorprendido por tal habilidad que presenté, comencé a sentirme, poderoso.

Sujeté aquella espada corta con fuerza, y con un movimiento esforzado, logré lanzar a mi contrario hacia la derecha. Él se dejó llevar, dando vueltas en el aire hacia atrás, cayendo de pie, me miró nuevamente, con una sonrisa bastante peculiar. Le devolví la sonrisa, mirándole con cierto reto, pude apreciar como mis dorados ojos comenzaron a brillar.

La batalla se había tornado seria, no sé qué planeaba Kenny, pero me iba a defender.

Kenny se dirigió a gran velocidad hacia mí, era el momento de blandir mi espada.

Con ambas manos la levanté, aún me resultaba pesada, esperé el momento en el que estuviera a mi alcance, e intenté realizar un corte horizontal hacia él.

Él anticipó mi ataque, saltando justo antes de que mi espada le tocara. Dando vueltas en el aire cayó por segunda vez, dirigiéndose nuevamente hacia mí.

Fallé el ataque, pero aquella espada dejó un espectro de su corte, observé como árboles cercanos fueron derrumbados luego de tal movimiento. Al parecer era tan filosa que cortaba a distancia, con una perfección abrumadora.

Todo pasaba tan lento, pude observar como aquellos árboles caían, y a la vez notar los movimientos del rubio.

Intenté hacer el mismo gesto de antes con mi mano izquierda, pero no solté aquella espada, se dividió.

Detuve el brutal espadazo por parte de Kenny con una daga. Una daga formada en mi mano izquierda, del mismo diseño que dicha espada, noté que el peso había disminuido aún más, estaba distribuido en aquél par de dagas.

Devolví el ataque, intentando apuñalarle con mi daga libre. Aún así, Kenny se protegió, chocando su espada con mi daga.

Mirándole de reojo me abalancé hacia él, intentando dañarle con mis dagas, usándolas a la vez de manera seguida.

Kenny era rápido, lograba detener cada ataque, incluso deteniendo ambas dagas a la vez. Sin embargo, entre cada intento, logré desarmarle, con la suficiente fuerza para que su espada se desprendiera por los aires.

Aún así, él era más rápido y fuerte, una vez su espada voló, golpeó mi abdomen, dejándome totalmente sin aire. Al acto me empujó.

Fui impulsado hacia atrás con bastante rapidez, chocando con el tronco de uno de los árboles caídos. Caí sentado, con dolor, sentí que no podía levantarme.

— ¡Vamos, niño! Tienes en tus manos el modo de acabar conmigo. Si no lo usas, morirás. – Al decir estas palabras, invocó por segunda vez aquella ametralladora en su brazo. La misma comenzó a girar, preparándose para disparar.

Aún con miedo, decidí que no sería mi fin, ya no estaba dispuesto a aceptar mi muerte, nunca más.

Me levanté con pocas fuerzas, junté mis brazos en forma de equis, preparado para recibir dichos balazos.

Su ametralladora disparó a discreción, no obstante, mi par de dagas formó un escudo lo suficientemente grande para protegerme de cada disparo. No recibí ni una bala.

La espada se había conectado a mi ser, obedecía cada orden que le daba. Una vez los disparos se detuvieron, junté todo el poder que sentía en mi mano derecha, en una sola daga. Una palabra resonó en mi mente, "determinación".

Mirando a Kenny, con un movimiento de mi mano, realicé un corte horizontal nuevamente, a la distancia en la que estábamos.

Un segundo después, Kenny había desaparecido por tercera vez, más el corte hizo efecto. Fue increíble, esta vez no cayeron árboles, una montaña entera que estaba a kilómetros de distancia, se derrumbó. El poder de esta arma, era indescriptible.

De un momento a otro, dicha espada volvió a su forma original. Su peso se había vuelto controlable, no obstante, una brillante luz dorada se formó en su filo, formando largo un tramo de luz, que al parecer llevaba a algún lugar.

Sin dudarlo, seguí esa luz. La misma terminó por guiarme al interior de un frondoso bosque azulado. Sí, azulado, los árboles, el césped, y las plantas tenían un tonos de azul.

Fue un camino largo, incluso tuve que atravesar un lago. El bosque era inmenso, hermoso, parecía como si alguien lo hubiera diseñado y plantado a la perfección con algún fin específico.

Al final de la luz en lo que parecía ser el centro del bosque, encontré una especie de pedestal, con una abertura dentro de la cual entraba la luz. Entendí aquella señal, así que con mis dos manos, clavé la punta de la espada en aquella abertura.

De un momento a otro, aquella luz dorada desapareció. El lugar donde estaba comenzó a temblar, el bosque estaba cambiando de color, todo se volvió dorado.

Luces de todas partes aparecieron para golpear dicho pedestal. De las hojas de los árboles, pétalos de de las flores de las plantas, incluso una gran luz de aquel lago, chocó contra el pedestal, rodeándole totalmente de luz.

Momentos después ocurrió una explosión en aquél lugar. Yo fui expulsado de aquél lugar, chocando contra un árbol por segunda vez, golpeando mi cabeza lo suficientemente fuerte para perder el conocimiento.

Cuando desperté, observé con asombro como el resultado de esa explosión terminó por causar la formación de lo que parecía ser un gran templo de oro.

Frente a el estaba Kenny, apreciando cada detalle del templo. Me acerqué sin miedo alguno a pesar de estar desarmado.

— ¿Y esto, qué es? – Le pregunté.

— Es el templo de los Goldust, el lugar donde entrenó Harry. Sin duda eres el escogido. – Pude notar como las puertas del mencionado templo estaban abiertas, y justo al final se podía ver el pedestal, con mi espada clavada en el mismo.

— Entonces, ¿Debo entrar allí para convertirme en él?

— En efecto, es así. – Cada vez se volvía más intenso el lugar. Pero ya que ese era mi destino, decidí entrar.

Sin más comencé a caminar a ese lugar, decidido.

Una vez dentro, intenté sacar mi espada, la misma salió con mucha facilidad. Al hacerlo escuché como las pesadas puertas del templo se cerraban, mi momento había llegado.

Mientras se cerraban, escuché dos voces, la voz de Kenny, y otra desconocida. Volteé rápidamente al darme cuenta de que no estaba hablando, sólo me miraba, eran voces en mi mente.

— Jamás te perdonaré por lo que has hecho. – Dijo Kenny.

— Tú jamás entenderás el porqué lo hice. – Fueron las palabras de la voz desconocida, por alguna razón, su voz me recordó a mí.

— Has matado a mis amigos, es momento de que pagues tu cometido.

— ¿Te vas a vengar de mí? Descuida, yo te enseñaré lo que es La Venganza.

Destino o Decisión.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora