La mañana en la playa había comenzado relajada y parecía que iba a ir la mar de bien, ciertamente es que no siempre las cosas son color rosa y me sentía un poco culpable por haber contribuido al mérito de cagarme el domingo.
No pensé -como siempre- que Thomas se fuera a poner tan delicadito con mi pregunta un poquitito indiscreta, venga, vale, quizá si me pase; pero la verdad es que me puso furiosa que haya dicho que me veía frágil; él no tenía ni la menor idea de cuán arduo e tenido que luchar para estar justo donde estoy, nunca flaqueo, siempre intento usar mi mejor cara de poquer pero por alguna extraña razón él podía distinguir la manera tan absurda en la que me sentía, sola.
Me dio miedo que haya dado en el clavo con respecto a mi, así que tuve que contraatacar con lo mismo, por esa razón no me siento tan culpable; me sorprende que no lo haya tomado como siempre, alguna burla o una risa estridente, esta vez su mandíbula tensa me dijo que lo había llevado demasiado lejos y no pude evitar las ganas de vomitar.
Tenso e incómodo fue como pasó el resto del día en la playa en lo que a nosotros se refiere, ya que con los chicos se la paso de pañales. Quería con todas mis ganas unirme a la diversión pero la verdad es que me sentía cohibida por su comportamiento.
Para mi gran sorpresa, Caleb hizo buenas migas con los chicos, me asustaba un poco la idea de que ahora los tres estuvieran incluidos en los planes cuando salieramos.
Lunes. Me levanto de un salto de la cama, el balcón de mi habitación esta cerrado por una cortina marrón de un material grueso. Al abrirla de un tirón, no puedo evitar sentir que se me ha hecho horriblemente tarde para la facultad así que corro a ver la alarma. Le he ganado por media hora, me he despertado antes.
Suspiro con alivio y me siento en la orilla a los pies de la cama por un rato, pero sin retrasarlo más me tomo una ducha en la regadera.
Me pongo una blusa polo y un jean que se ceñido a mi cuerpo. La verdad no me apetece para nada ir más que de una manera cómoda, tomo unas converse blancas y estoy lista.
Al bajar, por la escalera veo a Niki sentada en la cocina -me sorprende que no este haciendo ruido como siempre- entre sus manos hay una taza humeante y el olor a granos de café me invade haciéndome despertar por completo. Esta adicción a café la he heredado de mi abuelo que necesita de una taza para comenzar el día, recuerdo que no le he hablado para saber como esta, así que hago una nota mental para llamarlo hoy.
-Buenos días- le digo a Nicol, tomando una taza de la barra de la cocina para servirme un poco de café. Ella gruñe en respuesta.
-¿A qué hora terminan tus clases hoy?
-A las cuatro, ¿Por qué?- me mira curiosa.
-Bueno porque Amy y yo vamos a comer saliendo, ¿No quieres venir?
- Si, suena bien, hoy no vamos a abrir en Moe's.
-¿Por qué?- digo recordando al tio Javi y que no hemos ido a verlo, mierda. - ¿Aún no se recupera?- termino diciendo más bajito.
-La verdad es que no. Lo bueno de la situación es que ninguno de sus mil hijos apareció por ahí. - le da un sorbo a su café.
- Esta bien, creo que deberíamos ir a verlo, me refiero a Amy y yo.
-Bueno él no esta tan mal, quiero decir, le han asignado una enfermera en casa. El problema es que... bueno... quiere que me haga cargo de Moe's por un tiempo y no sé...
-¡Eso esta genial, Niki! - le digo para animarla, pero realmente creo que esta muy bien- sabes que me tienes a mi para ayudar en lo que necesites. Tómalo como un ascenso, además necesitas el dinero y el tio Javier también, supongo que ahora más que nunca.
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Mala suerte con él.
Teen FictionSus ojos me miraron detrás de aquella cortina enorme de pestañas, ¿Cómo podía nunca haberla visto antes? Mordió su labio inferior hasta tornarse blanquecino y retorció sus dedos en forma de nerviosismo, eso me hizo sonreír como un tonto pero antes...