Esa noche se fue como un borrón en el tiempo, una ensoñación absurda y poco convincente. No volví a ver a Thomas, quizá tenía cosas más importantes que hacer con la rubia.
Me irritaba que siempre el hilo de mis pensamientos me arrastrara a él, era como no poderlo evitar pero sabía que debía, él no era adecuado para mi.
Había dejado a las chicas en sus departamentos -a Nicol en el pequeño piso que compartía con otra chica igual o peor de problemática- llegar a la calidez de mi departamento me relajaba, era tan familiar que no me sentía nerviosa, ansiosa o insegura, las pinturas que colgaban en mis paredes tenían algo relajante, unas eran solo pinceladas abstractas, unos cuantos de estilo vintage o contemporáneo, en la pared de mi pequeña sala se encontraba el cuadro de la playa, tan callado que ya no me resultaba tranquilizante, sentía que algo le hacía falta.
Suspirando y arrastrando los pies me fui a mi habitación, no quería estar nostálgica, no debía, eso solo me arrastraba hacia algo en lo que no pensaba hace años y sentí como poco a poco se abría una fisura en mi, lo curioso era que no lo hacía del exterior si no de muy dentro de mi, me estaba traicionando a mi misma, estaba rompiendo mis propias reglas. Todo aquello tan extraño amenazaba con salir y como la cobarde que soy preferí tomar unas pastillas para conciliar el sueño. Me deshice de mi ropa y el brassiere -placer de la vida para una mujer- me tiré en la cama y espere a que la pastilla surgiera efecto.
El fin de semana se pasó como un borrón -típico- entre que hice la limpieza en mi departamento, salí a correr un poco, las tareas y lavar la pila de ropa que no lavaba en semanas se me pasó el tiempo sin saber de las chicas pero no me preocupaba, solían pasarme esas cosas. Había hablado con mi abu, una conversación de esas animadas y llenas de añoranza, él estaba bien, había tres nuevos terneros integrando la familia, me hubiese gustado decirle que lo vería pronto pero aún no me sentía tan valiente como para regresar a casa, al que fue por años mi hogar, preguntó por la escuela y como era de esperarse aunque era tema delicado preguntó por si algún chico me había enamorado ya, casi siempre bromeaba con eso decía que era testaruda como una mula -Quizá solo lo decía porque rimaba- pero esta vez mi risa no fue convincente, ¿Qué demonios? Él dijo que no me preocupara que fuera despacio en ese asunto y que confiaba en mi "Indi, nunca he conocido a mujer que tenga todo bajo control a excepción de tu abuela que Dios la tenga en su santa gloria y tú hija. Desde chiquilla te ponías como loca cuando en los corrales no estaban los animales como los habías ordenado, sé que tendrás el asunto bajo control".
Era verdad, controlaba cada cosa en mi vida que tendía a asustarme cuando no estaba como lo dejé. Por otra parte me extrañaba que hablara tan serio del asunto, ¿Había notado algo diferente en mi? No quería saber la respuesta a eso por el momento. Para aligerar el tema me burle un poco de que no dejaba de expresarse tan religiosamente exagerado. Yo creía que quizá hubiera algo más grande que nosotros pero mi abuelo era como decían en mi rancho "creyente de hueso colorado". Me animó hablar con él y prometí hablarle pronto pues era lo único que podia prometerle.
La siguiente semana la rutina fue la misma al llegar a la escuela, deberes y deberes por hacer. Notaba algo raro en el ambiente pero no estaba tan segura de qué.
Nuevamente era día de ir a comer a algún lugar con Amanda y eso levantaba mis ánimos.
Al terminar mi segunda clase, caminando por los pasillos comencé sentir el ambiente pesado quería salir corriendo; avance apresurada para dirigirme al edificio donde tenía mi siguiente clase pero al entrar en el sentí exactamente lo mismo, fui directo a mi lugar y me instalé en el asiento de siempre, Amanda no había llegado lo cual era extraño.
Dos minutos antes de comenzar la clase ella llegó apresurada y se sentó junto a mi.
-Hola- dijo con una sonrisa ensanchada- no tienes idea de lo que ha pasado
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Mala suerte con él.
Teen FictionSus ojos me miraron detrás de aquella cortina enorme de pestañas, ¿Cómo podía nunca haberla visto antes? Mordió su labio inferior hasta tornarse blanquecino y retorció sus dedos en forma de nerviosismo, eso me hizo sonreír como un tonto pero antes...