Seis.

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Bryan se va como perro pateado a la calle y yo ardo en deseos de ir tras de él y darle la lección de su vida aunque sé que es tarea difícil ya que no tengo tanta fuerza.

Ahora, justo en este momento no sé que es peor, la situación en la que me encontraba o en la que estoy ahora.

Sus ojos me están mirando en este instante con un gris más oscuro de lo habitual ya sea por toda su vestimenta negra o el subidon de adrenalina de hace unos minutos, su mandíbula se encuentra apretada, no tengo idea de que hacer, obviamente tengo que agradecerle por salvar mi vida y quizá mi virginidad aunque sería muy incómodo mencionar esto último. Así que carraspeo un poco para que no salga mi voz ronca.

-¿Estás bien?- dice antes de que yo pueda hablar.

-Si, yo... Muchas gracias- le digo sinceramente.

-¿Segura? Estas un poco pálida. Lamento no haber llegado antes.

-Dios, estoy bien, no fue nada- digo haciendome la valiente mientras me encojo de hombros.

-¿Qué no fue nada?- eleva un poco el tono de voz- Te tenía aprensada contra la pared. Joder, algo anda mal con tu cerebro.

Me rio, siento extraño la forma en la que hablamos ahora y no dentro de un salón de clases, se le ve más relajado.

-Puede ser, sin embargo estoy bien y gracias por eso.

Me muevo un poco para caminar hacia las chicas, siento como si ya hubiera pasado una eternidad.

-Espera, ¿A dónde vas?- antes de que pueda salir por completo de su vista Adrian ha tomado mi mano, su tacto es suave y fuerte a la vez. Me toma por sorpresa pero intento disimular lo.

-He venido con mis amigas, iré a buscarlas si no te importa, deben estar preocupadas.

Esto último es una pequeña mentira ya que si ellas estuvieran preocupadas hubieran visto el espectáculo.

-Bien, oye sólo toma un respiro- dice con el ceño fruncido- pareciera que vas a vomitar o desmayarte. Permiteme invitarte algo de beber.

W o a h por mil. Este chico es rápido y me siento un poco mal diciendo que no además es como mi deuda.

-Bien.

Lo único que puedo articular. Antes de salir del pasillo se acerca a mi saca un pañuelo de su bolsillo trasero -casi rio con esto- y limpia mi boca. Si, seguro me veo como una salvaje llena de baba. Me siento un tanto incómoda, así que lleno el hueco silencioso con un comentario.

-No pensé que los chicos de ahora trajeran pañuelos en sus bolsillos.

Él ríe de una manera suave y cantarina, no me lo creo.

-Te sorprenderían muchas cosas de los chicos de ahora- su voz ahora es juguetona pero no debería ser buena idea seguirle tanto el juego ya que es mi profesor.

-Bueno sí, no cualquiera salva a una damisela en apuros.

-Eso es muy cierto.

Retira el banco de la barra para que me siente y él hace lo mismo junto a mi.

-Un vaso de agua, por favor.

Se dirige al barman y este asiente en comprensión. Cuando llega mi vaso de agua, lo bebo en un solo trago, ni siquiera me había dado cuenta de lo sedienta que estaba. Mi mirada se apena cuando nuestros ojos se topan, ya, él cree que soy un especímen raro.

-¿Más agua?

-Si, por favor.

Cuando traen mi segunda ronda de agua el pide una cerveza, yo intento esta vez tomarla a tragos cortos.

Mala suerte con él.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora