El ciclo de la vida se basa en nacer, crecer y morir. Pero nadie te dice realmente de que trata el crecer, que involucra esa etapa de la vida de una persona. Poniéndolo en perspectiva tampoco es como que las demás personas tengan una idea completa y sencilla sobre la vida, pero la esperanza mantiene esa idea preconcebida de que los adultos saben más de la vida que los niños, pero ¿Quién dice que los niños no saben lo que es la vida?
Naci, y lo primero que vieron mis ojos fueron los suyos, ojos llenos de ¿Miedo? ¿Ira? ¿Cariño? No lo sé, no sé qué había en esos ojos, sólo se que no significaba nada bueno para mí, un bebé no debería temerle a sus padres, un bebé no debería pensar en sobrevivir apenas abre los ojos y registra su alrededor... Pero yo no era un bebé normal, yo ya había tenido una familia, tenía a mis padres, las sonrisas de mi padre al llegar a casa, los comentarios llenos de cariño de mi madre y ahora aquí, mientras mi negligente segunda madre esta en el primer piso preparando la cena para dos personas de las cuales ninguna soy yo, yo estoy aquí, sintiendo como el agua entra a mis pulmones con lentitud, como comienza a axfisiarme provocando que mi garganta arda y mis ojos se llenen de lágrimas.
Estaba muriendo por segunda vez, esta vez ahogandome durante un baño, mis pequeños brazos de bebé no me permiten salir a la superficie, tomar aire y llenar mis pulmones con oxígeno que permita que siga viviendo...
Las burbujas de aire estaban llegando a su final, mi vista de por sí nublada ahora era peor.
¿Así acabaría, moriría apenas Naci?
Eso pensaba en ese momento, la esperanza llegó poco después, un hombre me tomó en brazos sacándome de allí mientras mis sollozos y berridos eran escuchados, el me acunaba en sus brazos, meciendome con suavidad tarareando una canción en voz baja, no sabía quién era, pero sabía que era cálido me sentía bien con el...
—Ya... Ya todo estará bien... —Susurraba en voz baja meciendome con suavidad.
Mi corazón regresó a su estado normal, latidos lentos y consisos que se unían en una tonada con los de el.
A partir de ese día las cosas cambiaron, pero no todo dura, ese amor que podía vislumbrar en los ojos de aquel hombre se fue apagando con el tiempo y así como un día me sostuvo en sus brazos al siguiente se alejaron de mi entre el frío y el silencio.
[...]
Llegué aqui una noche fría, no recuerdo cuánto tiempo pasó, pero si que dormí todo el tiempo, soñaba con mi padre su tacto sobre mi mejilla y la calidez de su pecho cuando me abrazaba y me encerraba en ese calor reconfortante... Pero siempre despertaba y al abrir los ojos el estaba alli vigilandome.
A medida que crecía el mundo se mostró ante mis ojos, un mundo en donde jamás pensé que estaría, el suelo parecía una obra de arte que podrías encontrar en los museos a los que te enviaban de excursión, obras que yo jamás comprendí, no entendía por que la gente admiraba por minutos una pintura, yo no encontraba nada llamativo en ellas, y ahora tal vez entiendo que es lo que la gente veía en ellas.
El color rojo tintaba partes del lugar, a pesar de que estos eran limpiados seguido, color que veía en la televisión, color que espere jamás ver en mis manos o sobre mi familia, un color al que siempre le temí.
Caminar entre los pasillos del lugar tarareando con suavidad una tonada de tres simples sonidos mientras sujetaba sobre mi pecho un peluche, se convirtió en una rutina salir y caminar en ese laberito conocido como mi hogar. Mientras caminaba por ellos, hombres y mujeres me saludaban algunos con sonrisas, otros inexpresivos, no importaba ¿Éramos una familia? No lo sé, es complicado saberlo, la familia te apoya, te cuida pero ellos por otro lado querían que susperars tu límite, que fueras experta en el fino arte de la información y el asesinato silencioso, querían un arma que utilizar contra el mundo. La negativa ante eso me ganó golpes, cosillas fracturadas, cicatrices que jamás desaparecerian de mi corazón y mente, sentimientos perdidos, inocencia que jamás recuperaré.
Muy pronto llegue a mi adolescencia, en el mundo hay dos grupos: los débiles y los fuertes, los humanos están hechos para sobrevivir, adaptarse en busca de la sobrevivencia del más apto.
Aquel que me trajo a su lado, se volvió mi jefe o mi padre, solo decirlo me daba arcadas, pero algo he de agradecerle, me enseñó a sobrevivir.
Como decía la adolescencia que experimente fue diferente a la de antes, en vez de ir por un helado, iba con traficantes de armas para mi cumpleaños, en vez de salir a caminar, entrenaba una y otra vez mi fuerza y agilidad cada cosa que conocía fue cambiando de forma gradual hasta volverse parte de mi ser.
El mundo es cruel, si, pero el humano es el infierno.
Eliminar, una palabra sencilla con significado simple. Y vaya que era especial esa palabra, por qué significaba el final de una organización a mis manos, significa el final de una vida que aún tenía mucho por hacer.
Esta bien, me decía, eres tu o ellos, los niños y mujeres están prohibidos, sobrevive, vive por tu hermano, si, ese era otro de mis motivos, conocerlo a él, buscar a mi familia unirla, tal vez es chiquita pero la quiero.
Un día todo cambió, la nación del fuego atacó y... Okay eso no pasó... Bueno si pero no fue una nación fue una niña que buscaba ser libre y la única forma de que la acorrea alrededor de mi cuello fuera aflojada era exterminarlo todo.
El fuego se propagó, el infierno yacía en la tierra consumiendo todo a su paso, los gritos resonaban en el lugar, el rojo mancho la tierra, los gritos cubrieron el cielo, un disparo, dos disparos mis oídos se desconectaron, mi cerebro se apago, emociones... Las había perdido entonces ¿Por qué lloraba? ¿Qué era esa agua salada que estaba cayendo de mis mejillas? Abrí la puerta de una patada, el, sentado en su escritorio viendo el mundo que creo arder en llamas con una sonrisa de suficiencia.
—¿Es mi turno? —No recibió respuesta. — Tienes razón no perteneces a la oscuridad de este mundo, pero la luz jamás se permitirá posarse sobre ti. Eres la línea en medio, solitaria y sin rumbo, un lugar donde pertenecer... Tu no lo tienes. Eliminaste todo y a todos Felicidades. — Sonrió con cariño y locura. — Te cuide desde que eras una niña, te di mi amor o lo que yo creía era eso. —Se acercó a mí acariciando mi mejilla quitando el camino de lágrimas. — Te amo mi pequeña, eres mi mejor inversión, eres... — Beso mi frente. — Vive, pero jamás olvides. — Me abrazo. — Mi hija, mi Luna.
Un disparo resonó en la habitación, un cuerpo cayó junto a una lagrima, salí de allí sin mirar atrás, sabiendo que el lugar se convertía a cenizas, los gritos cesaron el silencio se volvió mi locura.
A la lejania me detuve mirando una vez más el lugar en que crecí y con mochila en mano, cubriendo mi cabello desee que nadie me encontrara, por que esa noche la Luna brillo en lo alto, acunando con su luz a aquella que poseía su nombre.
Se les pide a todos los pasajeros, que usen su cinturón de seguridad, estamos aterrizando en el aeropuerto internacional de Japón.
Una sensación brotó de mi estómago, revolviendolo ¿Nervios? Sonreí, era extraño pero gratificante, aunque no se como abordare esta nueva etapa de mi vida, el pasado algún día me buscará y me encontrara eso es seguro, temo de él, pero se que no hay vida sin riesgos.
Solo espero que Atsushi me acepte, mi familia esta tan cerca que podría embriagarme de las nuevas sensaciones que ahora poseo.
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One - Shots
Fanfic- Es difícil de explicar pero nosotras morimos y renacimos en mundos que ya conocíamos no a todas nos va bien o poseemos conocimiento de lo que sucederá pero eso sí nosotras no nos quedaremos con la versión original. Atte: Las rayis que si tienen no...
