Era un niño pobre del Perú, aunque él no supo que lo era hasta tiempo después. Tenía una vida difícil para un niño aunque para él era algo normal: Vivía lejos, muy lejos en una pequeña comunidad ubicada en alguna parte de la Cordillera de los Andes, no importaba dónde girara la cabeza, él siempre vería montañas. Tenía que caminar cerca de una hora y media diaria para asistir a la primaria y al llegar a casa, siempre buscaba algo que hacer para ayudar a su madre, a la edad de 9 años ya era muy independiente y podía lavar su ropa, barrer, trapear, prepararse huevos en el desayuno, entre otras labores domésticas y si sobraba tiempo salía a jugar con los otros niños. Era duro estar solo todo el día en casa a su edad, pero nunca permitió que eso lo desanimara.
Había días buenos y días malos, los días buenos eran esos en que su mamá recibía su pago por trabajar en los sembradíos de café, ahí consentía un poco más a su hijo y le compraba cosas dulces como mermeladas o chocolates las cuales le racionaba a lo largo de la semana. Después estaban los días malos, esos en que el pago no llegaba a tiempo y tenían que racionar incluso el arroz, el azabache recordaba como en ocasiones su mamá no comía, pero aun así le ofrecía un pequeño plato con comida para él.
Un día cuando caminaba de regreso a su casa, los otros niños jugaban en la cancha de la escuela. Aunque lo habían invitado el moreno los rechazó, quería jugar con los otros niños, pero deseaba más ayudar a su madre con la casa, últimamente se veía más cansada, menos energética y en su mente pensaba que si podía hacer el quehacer ella podría descansar y ser la misma de siempre después de unos días.
Estaba acostumbrado a la caminata, quizás lo único que en realidad le molestaba era el sol y el polvo de esa carretera hecha de tierra. Se sentó a descansar un poco bajo la sombra, era tan agradable que se recostó y cayó dormido.
- Hey niño, niño- escuchó a un adulto llamarle, mientras escucha murmurar cosas inentendibles para él a otro par detrás de ese señor, parecían sacados de otro planeta, había visto a ese tipo de personas antes, iban de vez en cuando en esos lujosos carros de llantas gruesas a ver los sembradíos. Incluso estas personas parecían más sacadas de la televisión pero estos eran especiales, nunca había visto cabello rojo, ni siquiera sabía que existía.
Se dirigieron directamente a él, aunque no los comprendió.
-Estoy bien, descansaba un poco en la carretera-
Ahora hablaban entre ellos y seguía sin comprender nada.
-Niño, vamos te llevaremos a tu casa en el Hummer -
-¿Ah? -
-No, no debería subirme a un auto con extraños mamá siempre me lo dice-
-Mira niño tú mamá María trabaja para mí, ahora sube al auto por favor que me estás haciendo quedar mal con los clientes- lo tomó del brazo, intentó poner resistencia, pero al ver cara de preocupación de las otras 2 personas se relajó un poco, quizás no querían hacer nada malo.
Para Craig era algo nuevo subirse a un auto, era cómodo, aunque lo que más capto su atención era lo bonita que era aquella señora con sus lindos ojos grises, no sabía que existieran de ese color. Todos sus conocidos tenían ojos cafés, en realidad todas las personas de su comunidad siempre decían que sus ojos eran bonitos por ser diferentes, al igual que su piel más clara y facciones un tanto más finas, pero viéndose frente a esas personas no era nada, si los ángeles existían seguro deberían de verse como esa señora.
Continuaban hablando entre ellos, cosa que lo molestaba porque no era capaz de comprender lo que decían. Parecía ser algo malo, ya que la señora ponía cara de preocupada y después lo observaba como si algo estuviese mal con él.
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Amor accidentado
Fanfiction-Aquí estoy Craig, solo vine para decirte que no tienes que estar solo, yo cuidaré de ti el tiempo que sea necesario- fue la promesa que Tweek le hizo a su marido en aquella blanca habitación del hospital. Las pérdidas son difíciles de sobrellevar...
