Capítulo Extra 9.5

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Pete Thelman

Diminuto era la palabra adecuada para describir como se sentía. El dolor de la existencia había sido parte de él durante mucho tiempo, el no conformarse con nada también, pero terminar una relación con alguien a quien de verdad quería después de tantas idas y vueltas, eso era demasiado para él.

Mantener la esperanza de que en algún momento lo eligiera fue lo que terminó por derrumbarlo, porque solo lo vio alejarse en el auto llevándose una parte de él, o quizás lo peor de todo fue que al girar su rostro vio aquella pequeña pieza de arte, aquella en la cual había trabajo durante tanto tiempo. Era como un vistazo al pasado, a la manera en que lo percibía, como el más lindo ángel que había tocado la tierra, iluminó sus días, pero ya no era para él. En un intento por callar su dolor, tomó una toalla y lo cubrió por completo.

Los siguientes 3 días no fueron mejores, canceló sus citas y se quedó encerrado en casa prácticamente sin moverse de su cama, sin ánimo de nada y apenas probando un bocado. Parecía exagerado porque había tenido parejas antes, pero el amor lo había lo golpeado tan duro y tan imprevisible, que se sentía como si pudiese morir sólo por desamor.

Mientras se ahogaba en su propia miseria, escuchó el timbre de su casa ser tocado. Al principio decidió ignorarlo creyendo que era algún vendedor conformista o algún vecino que venia a pedir que le bajara a la música que tenía a todo volumen desde la mañana, pero después comenzó a sonar de manera insistente y nuevamente ese rayo de esperanza estrujó su corazón: Él no lo había llamado o escrito, pero existía la ínfima posibilidad de que volviera. Con esa idea, se puso de pie y caminó hacia la puerta ya que el timbre no había dejado de insistir. Por el contrario, parecía que la persona tras la puerta había dejado el dedo pegado. Ni siquiera echó un vistazo para ver quien era, se dejó guiar por su corazón, solamente para volver a ser golpeado por la dura realidad.

Frente a él se encontraba Firkle con una notoria cara de molestia que cambió rápidamente al mirarse ambos a los ojos. El pequeño no cuestionó nada, tan solo lo empujó y entró al departamento, buscando con los ojos una respuesta. Sabía que Firkle no le cuestionaría, no era la forma que tenia de relacionarse con sus amigos, pocas veces hablaban de sus problemas, pero siempre terminaban por solucionarlos juntos o brindar una solución alternativa.

Firkle, siendo sólo un adolescente de 17 años, parecía saber cómo funcionaba el mundo. Con solo entrar un segundo a su habitación bastó para que saliera de regreso a la sala a abrazarlo suave y delicadamente.

–No tenias que lidiar solo con esto – susurró con voz suave mientras el mayor correspondía a su abrazo.

–Lo siento – fue lo único que fue capaz de decir antes de que su voz se quebrara y las lágrimas volvieran a bajar por su rostro.

Un mensaje de Firkle bastó para que Michael y Henrietta estuvieran en casa de Pete. El joven continuaba sin decir una sola palabra de aquello que lo acongojaba, pero tenía la certeza de que sus amigos sabían de qué se trataba. Los chicos góticos, decididos a hacer hablar a su compañero, decidieron usar el truco más viejo de su libro: Henrietta comenzó a leer poesía, después le siguió Michael y al final, Firkle.

–Lo lamento no tengo un poema escrito hoy – mencionó Pete, intentando eludir el tema.

–Entonces invéntate un cuento – sugirió Michael mientras le daba una calada a su cigarro.

–Había un pequeño cuervo, era diminuto y feo como solo un cuervo puede serlo. Él venía de un lugar sombrío, y por casualidad o destino, un día tuvo la dicha de encontrarse con un ángel, de esos que aparecen retratados en el arte sacro. El pequeño ángel acogió al cuervo entre sus manos – en ese momento sintió quebrarse su voz – el cuervo se sintió especial durante un tiempo, fue inseparable de su ángel, tuvo la dicha de rozar un cielo distinto, uno con colores menos oscuros y más pasteles. El ángel tuvo que marcharse a realizar unas diligencias y dejó al pequeño cuervo, quien se quedó esperando por su regreso... – Se vio obligado a hacer una pequeña pausa para poner sus sentimientos en orden, mientras de reojo vio a sus amigos observarlo fijamente – pasó el tiempo, el ángel se encontró con una criatura que aparentaba ser más colorida, la cual terminó herida. Esa criatura era un ser más bello que el cuervo, era un dulce colibrí con un ala rota. Como el ser benevolente que era, el ángel decidió cuidarlo, y lo acogió entre sus manos de la misma manera en que una vez lo hizo con el cuervo. El problema fue que el ángel se enamoró de ambas criaturas, y al menos el cuervo no estaba dispuesto a compartir. Aquel ser que lo había acogido con tanto amor se fue, y el cuervo se quedó solo y con un enorme hueco en el corazón – Pete finalizó su historia hundiendo la cara sobre sus rodillas, no quería ni siquiera verlos en esa situación.

Amor accidentadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora