Capítulo 7

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Para Tweek, la emoción de que el azabache estuviera bien lo era todo; Para él, era el primer paso hacia una recuperación óptima. Si bien su pierna se encontraba mejor, aun debía cuidar su columna, eso implicaba un mes o dos más en silla de ruedas, sabía que sería duro, pero él siempre estaría ahí para apoyarlo.

Quizás la situación era un poco cansada, cosas como ayudarlo a hacer los estiramientos y los ejercicios por la mañana, estar al pendiente de los horarios correctos de sus medicinas, preparar sus comidas con poca sal, eran cosas que requerían bastante trabajo. Todo eso además de cargarlo cada vez que necesitaba moverse de la cama a la silla de ruedas y de la silla al baño, aunque el moreno no le daba asco, detestaba la cara de culpa que tenía cada vez que hacia esas cosas por él, ya que sabía lo independiente que era. Lo único que agradecía era que no era torpe, de todas las cosas sólo existían dos detalles que en realidad odiaba.

El primero era el momento del día en que lo ayudaba a bañarse, no era porque le pareciera excesivamente pesado cargarlo desde una silla de ruedas a una tina y después sacarlo, era porque implicaba verlo desnudo. Al principio solo se perdía en su cuerpo unos segundos, después tuvo que dejar de tallar, jamás tocaría a ese hombre sin su consentimiento y aún más importante, nunca lo haría por respeto a Pete.

Pero se sentía el mentiroso más grande y el mayor de los pervertidos cuando el segundo acto pasaba.

Dormir al lado de Craig los días que sus padres pasaron en casa lo hizo darse cuenta de las erecciones matutinas del moreno, sabía que no eran porque el contrario estuviera excitado, el problema era que lo excitaban a él.

Conocer cada detalle del cuerpo de otra persona era raro, te hacía imaginarte cosas. Al principio intentó refugiarse en la idea de que esos meses que no pudo tener sexo con Pete eran lo que lo tenía así de inquieto.

Pero descartó la idea cuando comenzó a volverse más exigente con su amante pidiéndole fotografías de sus momentos más íntimos, quería pensar que el contrario sólo lo calentaba por la falta de sexo. Vaya decepción se llevó cuando mientras veía las fotografías, quien estaba en su mente no era la persona tras la pantalla del celular.

Su entrepierna ardía como el infierno y sólo podía pensar en esa piel morena, en las pequeñas cicatrices regadas por todo su cuerpo. Bajó sus manos para atenderla, y mientras comenzaba ese placentero vaivén su mente voló. ¿Por qué me mira con esos ojos profundos? ¿Ya se habrá dado cuenta de lo que provoca en mí? Es perfecto físicamente, esas manos grandes que siempre fantaseaba con llevar hacia su erección, su gran espalda, la barba que se afeitaba cada tercer día, los vellos que tenía regados por todo el cuerpo, todo denotaba la testosterona que corría por su cuerpo. ¿Pero qué tal la estamina? Pocas veces lo observaba tener erecciones involuntarias.

Sus ojos se pusieron en blanco por un momento, a la par de la velocidad de su mano aumentaron los pensamientos más pecaminosos, tiene un pene precioso, es de los mejores que he visto, quiero saborearlo, aunque sea sólo una vez. Sentía como el orgasmo se acercaba, y con eso otro pensamiento "No es sólo eso, en realidad quiero sentirlo dentro de mí..."

Con esa última idea terminó de una manera descuidada, ensuciando un poco sus pantalones, su mano y la pared del baño. Esos detalles no importaban, pero para él ver esa pequeña mancha hacía aún más evidente su pecado.

Necesito ver a Pete, necesito hacer el amor con él, cuando eso ocurra Craig dejará de ocupar mi mente. Intentaba callar su culpa de esa manera.

Se estaba lavando las manos desesperadamente intentando borrar la culpa, cuando el azabache tocó.

Abrió la puerta y ahí estaba esa bonita sonrisa.

Amor accidentadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora