Los dos rubios se estaban esforzando por comprenderse el uno al otro, o eso creían. La realidad era mucho más sencilla: Kenneth era naturalmente extrovertido y gracioso, hacía pequeñas bromas y contaba chistes obscenos para aligerar el ambiente, mientras que Tweek era de esas personas que una vez te aventuras a conocerla, te resulta agradable. Él no era bueno con ese tipo de humor, pero intentaba seguirle el hilo, buscaban distraerse, hallar cosas en común, querían agradarse legítimamente porque ambos sabían que al salir debían enfrentarse a la realidad. El rubio más bajito comenzaba a sentirse más seguro sobre todo, comprendiendo por qué después de aquella ruptura tan dolorosa, su esposo se había aventurado a ser nuevamente amigo de su ex, ya que era obvio que Kenny estaba ahí para él sin pedir nada a cambio, aún si le dolía como el infierno.
-Sabes... nunca te agradecí por estar ahí para él aquel día que se resbaló en la regadera –
-Ah, eso... – se alzó de hombros – No es nada, tan solo estaba haciendo lo correcto, y tú no estabas disponible... perdón por hablarte de esa manera, verlo así de frágil me lastimó un poco –
-Tenías razón en regañarme... yo nunca hablé con Craig de eso, ¿Cómo fue el accidente? – La cara de Kenneth fue un poema, y después se rio desconcertándolo un poco. ¿Qué tenía de graciosa su pregunta?
-Creo que le habías preparado comidas y dejado en envases de Tupperware, a Craig le resultó extraña aquella tapa plástica de goma, quizás aplicó mucha fuerza al abrirlo, porque el recipiente rebotó y se ensució. Él se sintió valiente, creyó que ya se podía levantar con ambos brazos sin que su columna lo matara, se aventuró a bañarse, pero en el brinco fracasó y cayó lejos de la tina... el dolor le impidió poder reincorporarse a su silla. No sé cómo, pero consiguió su celular, entonces me llamó y corrí para ayudarlo, por cierto dejen de esconder la llave en la maceta que tiene la suculenta... En fin, llegué y el resto ya lo conoces – El más pequeño lo escuchaba atento, observando cada gesto, como su voz descendía y ascendía. Él lo quería, y por mucho que le doliera, no podía separarlos. No después de escuchar eso.
-De verdad, gracias. – respondió sincero y de manera pacífica, con un ligero tono de arrepentimiento.
-Deja de agradecerme, yo soy quien debería de agradecerte a ti- Golpeó juguetonamente su hombro – Estuviste con él durante ese espantoso proceso. Es decir, él perdió la pierna y es terriblemente terco, no me puedo ni imaginar su expresión cuando necesitó ayuda para ir al baño, acomodar su almohada o alimentarse, él es muy orgulloso pero estoy seguro que sin ti no se habría recuperado. – Las mejillas de Tweek se coloraron al pensar en eso, nunca lo había considerado. Apenado, se recostó en la pequeña camilla, dándole la espalda a Kenneth para que no lo viera.
-Tengo sueño, voy a dormir – El pecoso lo observó enternecido, comprendiendo por qué no habían tenido un avance significativo. Subió a la cama de arriba de la litera, escuchándolo suspirar.
-Buenas noches –
-Buenas noches... Por cierto, Craig no es alguien frágil, no debes de tener miedo a herirlo, solo fluye, aún si lo cuidaste en un momento delicado, él puede soportar cualquier cosa siempre y cuando no lo hagas con malicia... aunque mañana va a estar muy encabronado –
-¿Qué? – Exclamó, dejando de ver la pared. Esperó por un par de minutos una respuesta que no obtuvo, por lo cual se levantó de la cama para observar a su compañero, quien ya dormía tranquilamente. ¿Es en serio? ¿Cómo puede dormir tan plácidamente aquí? Se cuestionó internamente, mientras regresaba a su cama a pensar en aquello que el otro le había dicho.
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Craig no estaba tranquilo, había visto a su Honey comportarse extraño, algo le molestaba pero no podía deducir con exactitud qué era y no quería presionar. Cuando se fue en la mañana tan apresurado le resultó extraño. Lo amaba, pero no podía interferir con lo que él no quería que supiera, Tweek era libre de tener sus cosas, aunque le dolieran o la preocuparan.
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Amor accidentado
Fanfiction-Aquí estoy Craig, solo vine para decirte que no tienes que estar solo, yo cuidaré de ti el tiempo que sea necesario- fue la promesa que Tweek le hizo a su marido en aquella blanca habitación del hospital. Las pérdidas son difíciles de sobrellevar...
