—Oye quería saber si pensaste lo del viaje...—Mi papá se pasea por la pieza, cautelosamente, poniéndome un poco nervioso. Porque a pesar de que esa era su costumbre, esta vez detrás de la puerta del closet estaba escondido el Jeremías.
—No, viejo. No voy a ir.
Salir del país a estas alturas del año me llamaba bastante la atención, ha decir verdad. Debido a que serviría como una distracción. Sin embargo, ir a ver a mi hermano mayor y ver como presume toda la perfección en su vida no me llamaba la atención.
—Pero por qué... Félix, es tu hermano.
Lo único que agradecía en estos momentos era tener esta conversación con mi papá, quien solía ser más paciente cuando yo me negaba a hacer algo. Si mi mamá estuviera acá, ya habría hecho un escandalo y yo no quería que pasara eso. No frente al Jeremías.
De hecho, ya estaba sintiendo vergüenza por esta conversación.
—Lo tengo bastante claro, pero sabes que mi mamá hará comparaciones entre nosotros durante toda esa semana, y yo no quiero.—Me sentía tenso.—Además, el Guido me restregará a su nueva esposa, sus nuevos logros y todo lo nuevo que ha hecho desde la ultima vez que lo vi.
—¿Pero que tiene que lo haga? Él lo hace para que te entusiasmes y te sientas motivado.
Sus cejas se mantenían alzadas mientras camina hacia mí, con esa serenidad y meticulosidad que lo caracteriza. A veces me estresaba que fuera así, supongo que es porque tengo un caracter más parecido al de mi mamá.
—¿Que me entusiasme a tener una pareja o a que me vaya para allá y sea el quinto abogado de la familia?
Me siento en mi cama y él se cruza de brazos.
—Ambas.
Suelto un quejido, y cierro mis ojos por un par de segundos mientras que echo mi cabeza hacia atrás.
—Papá, no voy a casarme antes de los treinta como lo hizo el Guido, tampoco voy a tener hijos y... —En ese momento, me planteo la idea de decirle sobre mis ganas de dedicarme a la música, pero me detengo cuando siento que sus ojos me escudriñaban.—Y ya, no vuelvan a insistirme.
—Félix, no quiero discutir ahora sobre esto porque tu mamá está abajo y si escucha lo que acabas de decir va a subir y tú sabes como es la situación.
—Si, lo sé.
—¿Entonces no irás?—Me da una última mirada, la cual siempre me daba cuando intentaba convencerme de algo. Mi única respuesta es negar con la cabeza.— Bueno, pero si no vas tendrás que ir a ese torneo de matemáticas.
Se comienza a alejar de mi y cuando llega a la puerta, la abre con lentitud.
—Lo iba a hacer igual.
Y sin decir nada más, se va, provocando que todo el aire que tenía acumulado salga de mis pulmones. Todo esto mientras golpeo mi espalda con el colchón de mi cama y llevo mis manos a mi rostro, olvidando por unos segundos que estaba el Jeremías, quien ya se había sentado a mi lado.
—A veces me gusta pensar que estoy soñando y que el verdadero Félix es... feliz.
Hablo sin pensar. Vuelvo a sentarme en la cama y cuando dirijo mi vista hacia el Jeremías, cacho que me veía con media sonrisa.
—Si querís me... me dai el pasaje a mí. Yo te reemplazo.—Suelto una risa ante eso y él, presiona sus labios, como si quisiera esconderla.—¿Por qué no querís ir?
Lo miro fijamente, y a pesar de que tal vez escuchó la conversación, le respondo igual.
—Me aburre estar con mi familia. No me gusta, me siento horrible.—Él Jeremías asiente, pero no dice nada.—No tengo mala relación con mi hermano, pero... Simplemente no me gusta.
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Lo difícil de quererte
Novela JuvenilLa vida amorosa del Félix nunca ha sido tema para él. Siempre se intentó reprimir en ese aspecto, sin ningún porqué, pero, no vamos a obviar sus enredos en los carretes. Todo para él parecía ir normal, ser un adolescente triste que se desahoga con l...
