Caminaba a paso decidido a la casa del Jeremías, sintiendo un nudo de nerviosismo en mi estómago y ganas de esconderme debajo de un montón de frazadas.
Venía de la casa del Pablo, un poco agitado luego de haber presenciado después de mucho tiempo una crisis de ansiedad por parte de él. Situación que me dejó en claro que soy un inútil para estas cosas, y que no sé cómo lidiar con eso. Por mi mente pasaba la idea de que todo fue culpa del Rafael, debido a que había sacado un tema sensible para mi mejor amigo. Sin embargo, el Pablo estaba pasando por mucho y no era sorpresa de que esto en algún momento le iba a ocurrir. Aunque me hubiera gustado estar preparado para ayudarlo como corresponde.
Ahora, frente a la reja del Jeremías, siento un leve escalofrío a través de todo mi cuerpo, el cual me hace cuestionarme si es correcto llegar a su casa sin aviso; Podría estar con su mamá. O con visitas. Y si fuera otra persona, me iría, avergonzado por ser tan patudo, pero necesitaba hablar con él, y verlo. Así que, con la poca confianza que me quedaba en estos momentos, toco el timbre y a los segundos tomo mi teléfono, con la intención de mandarle un mensaje al Jeremías, comentándole que estaba afuera. Pero, no fue necesario, debido a que en el momento de escribir el mensaje, la puerta se abre, dejando ver a su mamá, quien al verme, frunce el ceño de inmediato.
—¿Si?—pregunta, con cautela.
Me sorprendo un poco, debido a que me ve como si no me hubiera visto nunca, cuando la realidad es que, la vez que el Jeremías me contó lo de su papá ella había entrado a la pieza, dándome una mirada de absoluta intriga, la misma que me daba en estos momentos.
—Hola...—Saludo, sonriendo sin mostrar los dientes.—¿Está el Jeremías?
—Sí, ¿Quién lo busca?
—Félix. La otra vez estuve acá en su casa, no sé si...
Dejo de hablar cuando ella alza las cejas, con entendimiento, como si recién hubiera cachado quién soy.
—Ah... ¡Sí! Tú eris el amigo del amigo del Jeremías...—Me apunta con el dedo y abre la reja. Asiento levemente, dedicándole una sonrisa.
—Sí.
—Pasa. Pasa.
Le hago caso y una vez adentro, me es imposible ignorar el perfecto orden de su living y el olor a comida que llegaba hasta la entrada.
—Tú eris el Félix...—escucho que musita a mis espaldas, mientras cierra la puerta.—Por ti es que el Jere ha llegado tarde a la casa.
Presiono mis labios, mientras que ella se pone frente a mí con los brazos cruzados.
—O sea, no sé...—Es lo único que se me ocurre contestar.—Puede ser.
Levanto ambas cejas y ella asiente lentamente, intentando ocultar una sonrisa.
—Está en su pieza. Sube.—Me da un par de palmaditas en el hombro y yo asiento, comenzando a caminar con un poco de incomodidad y sintiendo la mirada de ella en todo momento.
Una vez arriba, mi mirada se va directamente a la puerta de la pieza del Jeremías y no dudo ni un segundo en tocar. Sin embargo, cuando estaba apunto de hacerlo, ésta se abre. Y ahí estaba él, con el ceño fruncido, el cual cambia de inmediato apenas me ve, y alza las cejas, con sorpresa.
Nunca lo había visto con pantalón de buzo, y tampoco lo había visto con polera manga corta, por lo que, no pude evitar sentir algo debido a lo bien que se veía con esas prendas.
—¿Y tú?—pregunta con una pequeña sonrisa asomándose.—¿Qué hacis acá?
—Quería verte... Y pedirte disculpas por los mensajes de ayer.—murmuro, no queriendo que su mamá escuche.
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Lo difícil de quererte
Ficção AdolescenteLa vida amorosa del Félix nunca ha sido tema para él. Siempre se intentó reprimir en ese aspecto, sin ningún porqué, pero, no vamos a obviar sus enredos en los carretes. Todo para él parecía ir normal, ser un adolescente triste que se desahoga con l...
