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Félix:

Apenas me despierto, sé que no estoy en mi casa, primero porque un camión de gas pasaba por fuera y segundo, mi gata no estaba encima mío.

Abro los ojos y lo primero que veo son las tablas de la cama de arriba, estaba en un camarote. Pensamiento que me hace reaccionar y recordar que había llegado a la casa del Pablo con ayuda de la Ale. Enseguida cierro mis ojos con frustración e intento recordar lo que había pasado acá, porque solo tengo recuerdos difusos de todo.

Qué mal...

Me quedo sentado un par de segundos, en los que intento volver a unir las piezas en mi cabeza, pero todo era en vano. Ni siquiera recordaba el porqué vine para acá.

En medio de la confusión y sin querer sumirme en mis pensamientos, me levanto en menos de unos segundos y comienzo a hacer la cama, con un poco de dificultad en el camino debido a que era un camarote. Cuando termino de hacerla, abro la ventana y la cortina.

Me quedo parado en medio de la pieza y frunzo el ceño, sintiéndome vacío de la nada. Por lo que, me siento en la cama y espero a que el Pablo se aparezca por acá para poder ir a bañarme con su autorización. De repente, como una ráfaga, recuerdo los mensajes que le envíe al Jeremías, provocando que cierre mis ojos, deseando que solo fueran parte de mi imaginación. Enseguida palpo los bolsillos de mi pantalón, buscando con insistencia mi teléfono, intentando recordar el último momento en el que lo vi. Sin ninguna esperanza, me agacho, esperando verlo debajo de la cama.

—¿Se te perdió algo?

Una voz grave me sobresalta, por lo que me doy vuelta en un pestañeo, encontrándome con el que supongo que es el primo del Pablo, el Rafael. De quien había escuchado hace un par de días. Tenía puesto solo unos pantalones, mientras que con la toalla se secaba el pelo. La verdad, no me esperaba verlo de esa forma. Tampoco esperaba que por mi cabeza apareciera ese pensamiento intrusivo diciéndome que era atractivo. El cual intento ignorar y eliminar de inmediato, a la vez que me vuelvo a sentar en la cama.

—Sí. Mi teléfono.

Sonrío incómodamente, rascándome el cuello mientras que, con mi mirada, lo intento buscar a través de la pieza.

Él levanta las cejas, mientras asiente y camina hacia el escritorio, en donde se agacha y segundos después, vuelve a levantarse, esta vez con lo que parecía ser mi teléfono, entre sus manos.

—El Pablo me pidió que te lo cargara anoche.

Se pone frente a mí, y lo tiende. Se lo recibo, un poco cohibido por tener su torso frente a mis ojos, aunque intento evitarlo a toda costa.

Cuando lo tomo, la pantalla se enciende, dejando ver miles de notificaciones. Algunas eran mensajes de los chiquillos, invitándome a un carrete. Abajo de éstos, yacían mensajes del Jeremías.

yo casi le doy un beso a alguien hoy, así que estamos a mano
q te pasó??
te vi en la casa del pablo

me preocupé

háblame cuando estís bn <3

Frunzo el ceño ante el primer mensaje, sintiéndome raro ante aquella sensación. Era como un enojo leve, el cual ignoro de inmediato. No quería sentir esto, no ahora. Cosa que se me hace casi imposible al leer el resto de los mensajes, los cuales pueden ser muy simples pero me hicieron sentir diminuto y feliz a la vez, y me hicieron sonreír. Porque por alguna razón, el Jeremías preocupándose por mí, me generaba ¿Alivio?

Qué rabia no poder entender lo que sentía.

Desvío mi mirada hacia el primo del Pablo y noto que ya estaba vestido. Me veía fijamente, escudriñando mi rostro con detenimiento, como si esperara algo de mí, por lo que intento hablar. Sin embargo, él se me adelanta.

Lo difícil de quererteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora