4

148 15 23
                                        

—La Isi ya está ni ahí con el Pablo.—dice el José Tomás, apoyado en la pared.—Tampoco es como que al Pablo le gustara mucho.

Frunzo el ceño un poco disgustado de tener que escuchar esta conversación. Si no estaba el Pablo, que no hablaran de él. Así de simple.

—Pero eso no quiere decir que te la podai agarrar, si hay que tener respeto.—le contesta el Dario con voz floja.

El Aurelio suelta una leve risa llamando la atención de todos, incluso la mía.

—¿Qué onda?—pregunta el Ignacio con una sonrisa socarrona mientras pasaba su brazo por el hombro del Aurelio.

Ambos mejores amigos desde hace años. Algo así como el Pablo y yo, solo que en esta amistad el Ignacio hacía todo lo que el otro quería.

—Perro, el Pablo ni cagando estaba enganchado de la Isi. Así que, si me lo permiten, yo me la voy a agarrar.

—Está bien, si al final, ni siquiera sabemos qué onda con él.

En ese momento, todos me miran, esperando a que diga algo, tomándome por sorpresa.

—¿Qué?—sonrío levemente, sintiéndome presionado.

—Tú sabis po, viejo.—el José Tomás me empuja por los hombros.

Me encojo de hombros y carraspeo, intentando hacer tiempo para que se me ocurra una idea y así cubrir al Pablo. Porque aunque él ni siquiera ha tenido las agallas de contarme, la mamá me había pedido que no le dijera a nadie la verdad.

—Parece que se fue de viaje, algo así.—rasco mi nuca y todos asienten, notándose convencidos.

Nos quedamos en silencio por un par de segundos y para querer disimular más, vuelvo a hablar. Esta vez sacando la idea del carrete en mi casa, idea que fue planeada ayer cuando mis viejos se fueron a Zapallar.

—Oigan, adivinen qué.—finjo la sonrisa más grande del mundo mientras levanto mis manos. Todos me ven con curiosidad, esperando a que hable.—Mis papás viajaron así que hoy, cabros, hay carrete en mi casita.—digo mientras pongo un brazo en el hombro del Darío y el otro en el del José Tomás.

En menos de un segundo todos golpeaban mi hombro y sonreían animados por lo que iba a pasar en la noche y porque de alguna forma, asumieron que iba a ser masivo.

Mientras todo eso pasaba, yo pensaba en hablarle al Pablo y también, al Jeremías. Que a pesar de que no hablamos desde lo que pasó o casi pasó el miércoles, tenía una leve necesidad de verlo. Y aunque al inicio me pareció una buena idea, preferí no hacerlo porque no sabría como reaccionar.

Así que cuando llego a mi casa al único que le hablo es al Pablo.

Pablo, hoy día hay carrete en mi casa.
Esto no pasa nunca, aprovecha ;).
14:30

Me arrepiento un poco de enviarlo, pero todo sensación negativa se va cuando me responde de inmediato.

Pablito:
Pucha, hermano.
No sé si ir
Ahí te aviso.
14:31

Boto aire, sintiéndome frustrado, porque cada vez que intentaba que el Pablo volviera a acercarse a mí, él ponía una barrera. Y aunque dijera que me iba a avisar, sabía que podría ser más un no que un sí.

Hermano? Q te fumaste?
Nunca me decís así, ni siquiera me deci viejo o perro.

Pero ya, ojalá puedas ir.

Lo difícil de quererteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora