Veo a lo lejos la cabellera rubia de la Isidora, también podía ver que tenía su ceño fruncido y me miraba fijamente, como si quisiera pegarme con la mirada. Y la entendía, o bueno, no, pero estaba molesta conmigo porque ayer, cuando me encontraba en la comisaría y ella me habló yo no respondí hasta ahora.
—Pa la otra demórate más.—le digo cuando la tengo frente a mí.
Ella rueda los ojos y bota aire, dándome a entender que no tenía ninguna pizca de paciencia. Se acomoda el pelo y luego levanta ambas cejas.
—El taxi no llegaba.—murmura.—¿puedo pasar?
—Pero si tenis chofer.—digo mientras me hago a un lado y la Isi entra a mi casa conmigo a la siga.
No alcanza a responder porque la Esperanza llega a nuestro lado, como es de costumbre cuando hay visita.
—¿Necesitan algo...?—pregunta mirando a la Isi con total sumisión.
Era increíble el respeto que le tenía una señora de casi cincuenta años a una simple adolescente caprichosa como lo es la Isidora. Todo esto gracias a que mis papás la tenían obligada a ser así de sumisa con todos los que entraban a esta casa; Obviamente yo nunca le encontré la gracia a ignorar casi por completo a la persona que te atendía, porque eso era lo que hace la gran mayoría de las personas en cualquier casa. Quizás se debía a mi cercanía con la Esperanza, porque ella fue la que me crió y la que me contaba las cosas por las que tuvo que pasar para lograr tener un trabajo estable y medianamente digno.
—No, gracias.—responde cortante la Isidora.
La Esperanza me mira expectante y yo niego con la cabeza levemente, dándole a entender que iba a necesitar mucha paciencia hoy. Ella me sonríe levemente y se retira.
—¿Podemos hablar en un lugar donde no haya gente?—pregunta mirando de reojo a la cocina.
—Mi pieza.—ella asiente y sube con total confianza hacia allá.
La verdad es que, mi día había sido horrible después de haber escuchado a mis supuestos amigos decir que no me aceptarían si yo era gay. Después de eso todo fue un caos en mi cabeza debido a que no entendía porque me sentía tan ofendido con sus palabras, si yo no era gay, no lo era y no podía serlo. Me da rabia el no saber que pensar en este momento, siento que todo se está yendo a la mierda lentamente. Y con la Isidora insistiendo cada cinco minutos para estar con el Pablo, todo se iría más rápido.
—¿Estabai tomando?—pregunta al entrar a mi pieza mientras mira mi velador atentamente.
—Sí.—respondo restándole importancia.
Escucho como suspira y se sienta en el sillón, mientras que yo vuelvo a apoyarme en el respaldo de mi cama con el vaso lleno del whisky que le robe a mi papá de su oficina.
—Pero sabis que eso se toma de a poco, no es cerveza para que te lo tomes así.—apunta el vaso y hace una mueca de disgusto.
Boto aire y le doy un gran sorbo al vaso, la miro con cansancio y hablo:
—Ya, no te pongai latera y dime ¿Qué te pasó ahora con el Pablo? No voy a volver a insistir para que te pesque porque la última vez se enojó conmigo.
—No, no es eso.—asiento aliviándome un poco.—O sea, quiero saber que onda con él, por qué desapareció así de la nada.
Sin saber que responder le doy otro sorbo al vaso, intentando disimular un poco la incomodidad, porque no estaba preparado para este tipo de interrogatorio. Sólo me quedaba hacer lo que siempre he hecho, mostrarme totalmente indiferente.
—No entiendo de qué estás hablando.—ella me ve incrédula y se cruza de brazos.—Puta, Isidora, no es de mi incumbencia contarte estos temas.
—Ya, pero me preocupa. Además, la otra vez en el carrete que hiciste acá, vino con gente que nunca nadie había visto.
ESTÁS LEYENDO
Lo difícil de quererte
TienerfictieLa vida amorosa del Félix nunca ha sido tema para él. Siempre se intentó reprimir en ese aspecto, sin ningún porqué, pero, no vamos a obviar sus enredos en los carretes. Todo para él parecía ir normal, ser un adolescente triste que se desahoga con l...
