Si hace un año me hubiesen pedido o sugerido que fuera a una marcha, me negaría rotundamente y ni el presidente de Estados Unidos podría obligarme a hacerlo, primero porque se trataría de Donald Trump y segundo porque las marchas no son de mi agrado. Verme ahí saltando y gritando como si realmente me afectara es imposible. Ir a una marcha que pide educación gratis me parecía audaz, sobretodo si hablamos de que voy a un colegio privado y mis mis papás tienen la plata suficiente como para pagar la universidad. Era apropiarse de una lucha que verdaderamente no me pertenecía en lo absoluto y tampoco le tomé la suficiente importancia, excepto por lo que logré ver en las noticias y en algunas páginas de internet anoche luego de decirle que sí iba a ir al Jeremías.
Ahora, iba caminando hacia el grupo en donde estaba él junto con el Pablo, la Emilia y la Ale. Tenía que admitirlo, estaba un poco nervioso. Primero porque no sé qué le habrá dicho el Jeremías a mi mejor amigo para justificar mi presencia y el hecho de que él me invitó. Y segundo, no sabía como iba a terminar esto.
Jeremías:
estoy levantando la mano...
soy el más lindo de acá
Me río ante ese último mensaje y alzo mi vista, en donde efectivamente estaba él junto a los demás. Me acerco hacia ellos, apretando la correa de mi mochila con fuerza.
—¿Félix?—pregunta el Pablo apenas me ve.
Le sonrío, fingiendo desinterés y los saludo a todos, para luego ponerme a su lado y abrazarlo.
—¿Qué haces acá?
—Los chiquillos me invitaron y yo vine po.—Me encojo de hombros y por inercia miro al Jeremías, quien presiona sus labios.
—El Jeremías te invitó, nosotras fuimos las que aceptamos. Solo porque nos caíste bien.—dice la Emilia, poniendome un poco nervioso.
La Ale le da una mirada de reproche y ella levanta las cejas, con duda. Dándome a entender que aún no sabía nada.
Pasan unos minutos en donde nuestro grupo se junta con otro, al parecer también eran de su colegio. El Pablo se aleja de nosotros y automáticamente miro al Jeremías. La verdad es que, no sabía como reaccionar después de lo que me dijo ayer. Ni siquiera supe cómo hacerlo en el momento; Mi única reacción fue quedarme serio y darle un beso. Porque por muy lindo que todo esto estaba siendo, no quería que se convirtiera en algo real.
El Jeremías me sonríe sin mostrar los dientes y esconde sus manos dentro del polerón, notándose avergonzado.
—¿Cómo estay?—hablo, sonriendo, queriendo parecer desinteresado.
—Con frío.
—¿Querís que te abrace?—pregunto con el tono de broma que siempre utilizábamos entre nosotros.
Me ve con los ojos entrecerrados y niega con la cabeza. Creo que nadie era capaz de percibir nada, excepto nosotros, que sabíamos que existía un poco de incomodidad entre ambos.
—Oye, Felix.—Cuando escucho la voz del Pablo, le agradezco un poco mentalmente. Lo miro, expectante.—¿También hiciste la cimarra? Supongo.
—Si po.—Asiento con la cabeza y de reojo veo al Jeremías.
—Que bacán que ustedes dos se lleven bien.—Cuando dice eso, automáticamente tengo el impulso de reírme a carcajadas, sin embargo, no lo hago.
No quería delatarnos tan pronto.
—Si...—responde el Jeremías mientras sonríe .—Esa es la idea po, nada que ver que nos llevemos mal siendo tus amigos.
El Pablo me mira, y yo asiento intentando sonreír. Frunzo el ceño cuando llega un tipo de nuestra misma edad a nuestro lado, quien comienza a hablar con los chiquillos de manera casi sarcastica. No estaba muy atento a ellos, por mi cabeza solo pasaba la idea de querer volver al día de ayer y poder contestarle algo coherente al Jeremías. O tal vez, volver a la parte en donde él aún no decía nada.
ESTÁS LEYENDO
Lo difícil de quererte
Novela JuvenilLa vida amorosa del Félix nunca ha sido tema para él. Siempre se intentó reprimir en ese aspecto, sin ningún porqué, pero, no vamos a obviar sus enredos en los carretes. Todo para él parecía ir normal, ser un adolescente triste que se desahoga con l...
