—¡Félix!—una voz aguda me obliga a parar en seco en medio del patio.
Iba de camino a donde estaba el Pablo para ver si necesitaban algo, pero la Isidora se interpuso en mi camino de manera determinante.
—¿Cachaste que el Pablo está acá?—pregunta con una mueca.—Y con una mina...
Sonrío sin mostrar los dientes, alzando mis cejas con un poco de desinterés.
—Claro que caché lo del Pablo.—murmuro.—Y la mina es su amiga, así que tranqui Isi.
Ella rueda los ojos y bufa, frustrada. De reojo noto como mi mejor amigo hablaba animadamente con sus amigos, incluso se notaba bastante cómplice con el Jeremías y la Emilia.
—A dónde, si fueron a la cocina y andaban de la mano.—se notaba exasperada y por muy amiga que era, ya estaba un poco harto de su gusto por el Pablo.
—Ya, pero Isi... No le pongái color tampoco.
—Habla con él, por fa...—hace un leve puchero y se acerca a mí con la intención de abrazarme, sin embargo, me alejo de ella. Porque había mucha gente y sabía que ese simple gesto podría mal interpretarse, llevándonos a un gran rumor el día lunes en el colegio.
—Ya...—me resigno a responder y sin esperar a su reacción, comienzo a caminar hacia él, que también venía hacia mí.
Sabía que la Isidora se mantenía detrás de mí, a una distancia prudente, para saber qué onda. Eso hacía todo más incómodo, por lo que le sonrío de manera incómoda. Detrás de él el Jeremías conversaba con sus amigas, pero no era momento para fijar mi atención en él.
Por la cresta, qué me pasaba.
—Félix, ¿nos puedes prestar algo para secarnos?—pregunta el Pablo cuando está cerca.
Por mi parte, decido acercarme más y verlo fijamente, intentando convencerlo para que hable con la Isidora. Y cuando veo que su semblante se vuelve serio, cacho que sí me entendió.
—No.—susurra.
No queriendo insistirle, miro a la Isidora y me acerco a ella, quien me veía expectante al mismo tiempo que veía hacia atrás de mí con disgusto.
—No quiere hablar.—murmuro.—No me insistai más Isi, por favor.
—Uy, ya. Chao.
Se aleja enojada y caminando de manera apresurada, incluso empuja a un par de personas que estaban en su volá. Me causaba un poco de gracia las actitudes caprichosas que la Isidora siempre tenía. Era como esa hermana chica a la cual siempre intentabas complacer en todo para evitar el escándalo del año. Solo que ella no era mi hermana y tampoco era chica.
Dejo de verla y recuerdo el favor que el Pablo me pidió, no pudiendo ignorar que aún no me había explicado nada y que se notaba que no tenía intención de hacerlo.
—Ya, síganme.—interrumpo lo que sea que estaban hablando, queriendo parecer animado.
Comenzamos a caminar con velocidad por el patio para luego entrar a la casa, y cuando vamos llegando a las escaleras quiero decirle al Pablo que quería hablar con él, aprovechando que se mantenía a mi lado, pero lo único que se me ocurre es decir otra estupidez.
—Oye, el Aurelio está emputecido contigo y la Emilia.—empezamos a subir las escaleras.—Pero no le hagái caso, si sabis que es un ridiculo.
ESTÁS LEYENDO
Lo difícil de quererte
Roman pour AdolescentsLa vida amorosa del Félix nunca ha sido tema para él. Siempre se intentó reprimir en ese aspecto, sin ningún porqué, pero, no vamos a obviar sus enredos en los carretes. Todo para él parecía ir normal, ser un adolescente triste que se desahoga con l...
