Siento un ruido al otro lado de mi pieza, por lo que abro mis ojos un poco sobresaltado. Arrugo mi rostro aún desorientado esperando que mi mente se aclare para poder entender lo que estaba pasando. Segundos después, me doy cuenta de que debajo de la puerta se veía que la luz del baño estaba prendida. Ahí recuerdo que hace un par de horas-supongo- estabamos carreteando y que cuando nos vinimos a acostar, el Jeremías terminó acostándose en mi cama debido a lo curado que estaba, mientras que la Ale había decidido acostarse en el sofá, ya que dijo que no quería dormir con nosotros.
Además de que, me enteré de que ella es prima del Jeremías.
Apoyo mi codo en el colchón con la intención de ver con más claridad, a pesar de que apenas entraba luz en mi pieza debido a las gruesas cortinas. Miro hacia el lado y me percato que la persona que está en el baño es el Jeremías. Y luego, veo hacia el otro lado dándome cuenta de que la Alejandra dormía cómodamente.
Vuelvo a apoyar mi espalda en el colchón mientras mis ojos se quedan mirando fijamente la puerta del baño, hasta que esta se abre, dejando ver al Jeremías, quien camina lentamente hacia la cama.
—¿Estay bien?—me atrevo a preguntar, provocando que se sobresalte.
—Me asustaste, Félix.
Odiaba cuando decía mi nombre. Me hacía sentir débil.
—Sí, solo quería tomar agua...—vuelve a hablar mientras se sube a la cama.
—¿Qué hora es?
Sorbe su nariz y de reojo veo que saca su celular de debajo de las mantas.
—Van a ser las nueve.
En ese momento abro los ojos más de la cuenta, sorprendiéndome, debido a que ya habían pasado varias horas desde que nos vinimos a dormir y de hecho, a esta hora solía estar levantado.
—Dormimos harto.
—¿Harto? Yo seguiría durmiendo.—responde, acostándose de lado mientras se tapa.
—Duerme...—murmuro, llevando mis manos a mi pecho.
Hace un ruido con la garganta, dándome a entender su negativa, por lo que decido volver a hablar.
—¿Así que la Alejandra es tu prima?
—Sí...
—¿Y cómo se llevan?—me remuevo, imitando su posición, para que sepa que tengo interés en escucharlo.
Gracias a mi cambio de posición, puedo ver su rostro con un poco más de nitidez y me doy cuenta de que tenía sus cejas alzadas.
—Bien... O sea, siempre discutimos por hueás, pero en general bien.—Asiente levemente, encogiéndose y tirando el cubre cama hacia arriba.—Te encontró bonito.
Suelto una pequeña risa y luego suspiro, sintiéndome un poco avergonzado.
—¿Ella sabe...?
—¿Que soy maricón?—me sorprendía la facilidad con la que salía esa palabra que usualmente se usaba como insulto. Niego con la cabeza, queriendo que entienda a lo que me refiero sin tener que decirlo con palabras. Al parecer lo hace, porque hace un gesto de entendimiento.—Sí, sabe.
En ese momento me siento expuesto y un poco inquieto, debido a que alguien más sabía.
—No le conté, se dio cuenta sola.—frunzo el ceño, por lo que él vuelve a hablar.—Le conté sobre ti el día en que nos conocimos, y no sé pero la hueona cachó que te miraba mucho y me obligó a contarle. Igual, quédate tranquilo, ella no es de contar cosas personales de otros.
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Lo difícil de quererte
Teen FictionLa vida amorosa del Félix nunca ha sido tema para él. Siempre se intentó reprimir en ese aspecto, sin ningún porqué, pero, no vamos a obviar sus enredos en los carretes. Todo para él parecía ir normal, ser un adolescente triste que se desahoga con l...
