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JEREMÍAS:

Le doy un sorbo a mi vaso y miro fijamente al Jorge, quien soltaba una carcajada por algo que había dicho la Ximena.

Habíamos salido del taller de teatro y decidimos venir al bar, panorama que habíamos dejado tirado debido a que todos estabamos ocupados. O bueno, con eso me excusé yo cuando la realidad es que los tiempos libres que he tenido los he usado para ver al Félix. Incluso, el propio taller había dejado tirado. Cosa que no me agradaba en lo absoluto y al parecer a los chiquillos tampoco, porque cuando me vieron me retaron por ser irresponsable con algo que amo.

—Nunca hemos carreteado bien, hueón. Deberíamos hacerlo. Su junta.—Habla la Florencia, removiéndose en su puesto y mirándome de reojo.

Mi única reacción es sonreír mientras asiento con la cabeza, queriendo demostrar que estaba de acuerdo con eso. Para luego mirar hacia la barra, intentando buscarlo con la mirada, puesto a que me había dicho que iba a venir. No a cantar, sino que a relajarse un poco.

—Ya, pero, junta ha habido.—Contesta el Alex.—La otra vez en la casa de la Xime.—Vuelve a decir alzando las cejas.

—¡Sí! Estuvo buena esa hueá.—habla el Diego, aplaudiendo mientras soltaba una carcajada.

—Conchetumare, sí.—La Xime me habla directamente a mí. Y era obvio, si yo había sido el único que no fue.—Al Jorge le dio la pálida y los chiquillos en vez de calmarlo, estaban cagados de la risa.

Empuja al Alex, debido a que estaba al lado suyo, mientras que yo me río, debido a que ver al Jorge en ese estado era todo lo que había deseado.

—Ya, pero igual... ¿Era primera vez que fumabai?—lo apunto con mi mano y él asiente.—La hueá. Me lo perdí.

Hago una mueca y vuelvo a tomar de mi trago. No estaba arrepentido de haber decidido quedarme con el Félix, pero sí deseaba mucho retroceder para vivir la experiencia de los chiquillos.

—¡Sí po!—vuelve a hablar la Florencia.—A eso me refería con una junta. En donde estemos todos po. La otra vez faltó el Jere.

Vuelve a mirarme, esta vez fijamente y no puedo evitar sentirme incómodo, por lo que presiono mis labios y desvío mi mirada, consciente de que todos sonreían de manera burlesca gracias a que para ninguno era un secreto que yo le gustaba a la Florencia, y al parecer, todos piensan que la hueá es reciproca, porque viven molestándome con ella a pesar de mis insistentes negativas.

—Ay, es que tiene que estar el Jere...—dice el Diego, poniendo una voz chillona.

La Florencia se ríe discretamente mientras mira al castaño con los ojos entrecerrados, a la vez que todos sueltan carcajadas.

—Oye, hermano ¿Y quién era el tipo con el que estabai hablando ese día?—pregunta el Jorge.

—Era el que cantó...—responde el Alex por mí.—Se quedó hablando con él.

—Ah, ¿Conocís al hueón que canta?—pregunta la Xime, con una sonrisa.—Preséntatelo po.

—¿Y lo conociste ese día? No cacho, hueón.—el Diego hace una mueca de confusión y se rasca la nuca, mientras se estira en su puesto.

Frunzo el ceño y suelto un suspiro sintiéndome súbitamente abrumado.

—Eh... Sí conozco al hueón que canta, es el mejor amigo de un amigo...—respondo, confundido por mi respuesta.—Aunque, ese día no sabía que era mejor amigo de él.

—Cómo.—habla la Florencia, confundida.—Es amigo de tu amigo, pero ¿Ese día tú no sabiai esa hueá?

Asiento con la cabeza y me mojo los labios.

Lo difícil de quererteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora