Zhan pensaba hacerle muchas preguntas a Yibo en cuanto lo viera. Se pondría delante del castaño, lo miraría a los ojos y le diría, "Wang Yibo, necesito saber cuáles son tus verdaderas intenciones".
Lo había estado ensayando mientras sacaba la primera mitad de equinos a hacer ejercicio con ZhuoCheng, su amigo y ayudante del establo.
A la hora del café de la mañana tomó su taza, se sentó a la puerta del establo y se puso a afinar la voz.
—Wang, necesito saber… Yibo, necesito saber…
En aquel momento apareció a lo lejos Yibo, y todos sus planes y su voz se esfumaron de repente.
Llevaba un polo del mismo azul del cielo y unos jeans descoloridos que marcaban a la perfección lo que tenían que marcar. La oleada de calor que recorrió el cuerpo de Zhan no tenía nada que ver con el calor de la mañana. Su corazón se detuvo un instante… y se lanzó a todo galope.
—¿Ese es el nuevo jefe? —preguntó Cheng.
Zhan asintió, tragó saliva, tomó aire y lo soltó. Para entonces Yibo estaba lo bastante cerca para ver que tenía el pelo húmedo y el aspecto descansado de alguien que se ha dado una buena ducha después de una noche de sueño reparador. Era evidente que a él no le había quitado el sueño la fragancia que despedía su almohada. Hizo como pudo las presentaciones y Yibo ofreció la mano a ZhuoCheng.
—Supongo que la Yamaha Yzf R125 que he visto estacionada ahí es tuya.
Muy hábil, pensó Xiao con una mueca cínica.
ZhuoCheng estaba entusiasmado con su nueva moto y obviamente se moría de ganas de hablar de ella. Intercambiaron unos cuantos comentarios en esa jerga incomprensible de los motoristas y cuando la perra bostezo después de su siesta matutina, Yibo se agachó y le rascó entre las orejas. A la perra le faltó tiempo para tenderse patas arriba.
Evidentemente estaba acostumbrado a producir aquel efecto en las personas, pensó Zhan.
—¿Cómo se llama? —dijo levantando la vista hacia Zhan.
—Fairy —intervino Cheng.
Afortunadamente, ya que ZhanZhan había vuelto a quedarse mudo. Escondido detrás de la taza de café, intentó deshacer el nudo que se le había hecho en la lengua.
—Simpático nombre —dijo con una devastadora sonrisa, que añadió un nudo más a la lengua de Zhan. Por suerte su ayudante acudió de nuevo al rescate.
—Cuando Yang la recogió en la carretera Zhan dijo que podíamos llamarla Suerte, porque había tenido la suerte de que Yang la encontrara, pero él dijo que un perro con aquella pinta tenía cualquier cosa menos suerte.
—¿Y de dónde viene entonces lo de Fairy?
—Yang dijo, "Yo la llamaré Hada". Y así se quedó, solo que luego Zhan lo dejó en Fairy, para que sonará mejor.
Zhan sonrió al recordar la anécdota. Parecía que por fin era capaz de hablar.
—Parece que has dormido bien —dijo para empezar.
—Como un bebé —asintió Yibo, y su sonrisa profundizó las pequeñas arrugas de las comisuras de sus labios. Xiao pensó que debía sonreír mucho—. ¿Hay más café de ese?
—Te traeré uno —se ofreció ZhuoCheng—. ¿Lo quieres con leche y azúcar?
—Con todo. Mucha leche y dos de azúcar. Gracias, ZhuoCheng —el joven se alejó y Yibo se sentó junto a Zhan—. Y aún estaría durmiendo a no ser porque sonó el teléfono.
Él dejó de agitar la taza y se quedó inmóvil.
—No lo he oído. Supongo que estábamos en la pista. ¿Era para mí?
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UNCONDITIONAL TO YOU
Fiksi PenggemarLa Oveja Negra de la familia Wang regresaba y el sonriente entrenador de caballos sabía todo sobre él.
