Decisión

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Al principio la velocidad irregular de la potente moto al serpentear por la estrecha carretera aceleró la sangre de Zhan y agudizó sus sentidos, pero al poco rato salieron a la autopista, y el sonoro y firme ronroneo del motor pareció tener el efecto contrario. Se apoyó confiadamente en la espalda de Yibo, deslizó las manos en los bolsillos de su chaqueta y apoyó la cabeza entre sus omóplatos.

Por el camino se detuvieron en un rústico lugar de carretera y comieron algo en la barra intercambiando historias con el conversador encargado. De cuando en cuando se cruzaban sus miradas o se rozaban sus rodillas y el breve contacto volvía a hacer hervir la sangre. Con el café, el encargado se retiró y ellos siguieron con su conversación.

—Por cierto, no me has contado cómo fue tu reunión con el abogado —recordó Zhan de repente.

—Conseguí una moto que estaba deseando conducir —Zhan volvió los ojos al cielo y Yibo sonrió—. Está bien, no se puede hacer nada hasta que el testamento se haga vigente, y eso puede llevar un tiempo. Entonces se legalizarán los papeles de la herencia y la propiedad estará a nuestro nombre.

Aquello sonaba demasiado comprometedor, demasiado definitivo. Zhan sintió una punzada de ansiedad.

—No es eso lo que quiero, Yibo.

—Y yo no quiero tu parte.

—Ese campo pertenece a tu familia —insistió él con la mirada baja.

—¿Quieres darselo a JunKai? Le encantaría. Ya tiene un comprador listo con la pluma en la mano. ¿Qué te ocurre? —Yibo tomó su mano al notar una contracción imperceptible en su rostro—. Sé que te pasa algo.

—Es JunKai. Antes dijo algo…

—¿Te amenazó? —la presión de su mano era casi dolorosa—. ¿Qué te dijo, Zhan?

—Me dijo que no hago nada en EQQUS, que debería haberme ido. Por alguna razón me hizo pensar en las llamadas telefónicas. Quizá ha sido él, y lo ha hecho para asustarme. Aunque no tiene sentido. A quien quiere ver desaparecer es a ti —reflexiono en voz alta. Después de haberlo soltado se sintió ridículo y se echó a reír con incomodidad—. Olvídalo.

—Sabía que yo querría vender. Era a ti a quien tenía que convencer —dijo Yibo serio—. Quizá pensó que viviendo solo en el campo las llamadas te asustarían y te decidirías a aceptar el dinero e irte.

—Pero entonces habría conseguido el nuevo número. Zi Xuan lo consiguió. Cuando uno tiene tanto dinero…

Yibo dejó escapar un largo suspiro.

—Tienes razón. No tiene sentido, pero JunKai no siempre actúa de forma racional. Esta mañana lo ha demostrado —su gesto preocupado contrastaba con la firmeza de su mandíbula y de la mano que sostenía la de Xiao—. Vamos, ya es hora de volver.

Yibo detuvo la moto en el interior del garaje y paró el motor

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Yibo detuvo la moto en el interior del garaje y paró el motor. Zhan aún sentía el ronco rugido de la máquina en sus venas, y el rítmico golpeteo de la lluvia contra el techo metálico. La tormenta los había sorprendido en la carretera, pero a pesar de las intensas ráfagas de viento y lluvia, y del aterrador momento en que la rueda trasera había perdido el agarre al asfalto y había empezado a culebrear, Xiao no había perdido ni un momento la confianza en que Wang lo llevaría de vuelta a casa sano y salvo.

UNCONDITIONAL TO YOUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora