Cuando Yibo se alejó en su auto menos de una hora después, Zhan pensó que por fin podría respirar, pero solo podía pensar en el día en que Wang se alejaría por aquel mismo camino para no volver, y el corazón se le caía a los pies.
Las siguientes horas transcurrieron lenta y penosamente, hasta que el sol desapareció en el horizonte en medio de un atardecer multicolor.
Intentó distraerse con la televisión, pero cualquier sonido en el exterior hacía que se le acelerará el pulso. Subió el volumen, pensando que así no estaría pendiente de oír el motor de su auto. Pero fue inútil. Su inquietud siguió creciendo hasta que no pudo más.
¿Cómo podía estar allí, en la penumbra, esperando a que aquel hombre volviera a casa, sin saber siquiera si volvería aquella misma noche? ¿Y cuando volviera qué le diría?
Desde luego no lo que Wang quería oír.
"Dime lo que quieres. Zhan"
No. Definitivamente no podía decirle lo que quería oír.
En un arrebato decidió que lo que necesitaba era compañía. Llamó a JiaCheng, pero no contestaba. Daba igual. Se puso sus jeans blancos favoritos y una camiseta ajustada negra, se cepilló el pelo, se puso un poco de brillo en los labios y salió de la casa.
Al oír un vehículo se detuvo en seco. Su pulso se aceleró. Pero no era el auto de Yibo, sino el grave y poderoso rugido de una gran moto. Notó que se le volvía a acelerar el pulso, pero por un motivo diferente. Aquel sonido cosquilleo en todo su cuerpo y se quedó como paralizado mientras el faro de la moto recorría todo el patio y se detenía al encontrarlo.
Segundos después la gran máquina se detuvo a su lado. Era una gran bestia oscura, de las que siempre lo habían excitado con atrevidas imágenes de lo prohibido. Y a Yibo le sentaba tan bien como la cazadora de cuero negro y los vaqueros desgastados. Apago el motor y el silencio vibro a su alrededor.
Sus ojos, ocultos bajo la visera ahumada del casco integral lo observaron fijamente. Zhan se humedecio los labios mientras Yibo se quitaba el casco.
–¿Dónde has encontrado esto? –preguntó.
–¿Te gusta?
–Bueno, no sé si es posible que una moto así guste simplemente –dijo él con una sonrisa.
–Tienes razón. Había olvidado lo que se siente al conducir una de estas. Acelerar a fondo y sentir toda esa potencia en tu cuerpo… –Yibo soltó su risa grave tan sorprendentemente excitante como su voz.
Zhan se frotó los brazos con las manos y notó cómo aquellos ojos recorrían su cuerpo, se recreaban en su garganta, en la curva de su cintura, en sus labios.
–¿Vas a salir?
–Sí –dijo él.
"Pero si me pides que me quede, si me pides que suba a esa moto contigo…"
Wang no se lo pidió, y en el incómodo silencio que siguió él dio una vuelta alrededor de la moto observandola.
–Lay me la ha prestado un par de días.
–¿Lay?
–Un socio del bufete de Luhan. Fuimos juntos al colegio.
–Tu amigo el abogado –dijo él pensativo–. No me imagino a un abogado montando esta moto.
–Ya estás otra vez con tus prejuicios.
Zhan se apoyó contra la puerta de su camioneta y se cruzó de brazos.
–¿Por qué dices otra vez?
–Ya te hiciste tu propia idea sobre mí mucho antes de conocernos –afirmó Yibo mientras bajaba de la moto–. Por eso has estado en guardia contra mí desde el primer día. Porque crees saber cómo soy.
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UNCONDITIONAL TO YOU
Fiksi PenggemarLa Oveja Negra de la familia Wang regresaba y el sonriente entrenador de caballos sabía todo sobre él.
