Mornings

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La mañana comenzaba como siempre, con el olor a café recién hecho inundando el hogar mientras el ruso terminaba de darse una ducha.

Tenían una rutina bastante clara: se despertaban a las 6:00 a.m, Volkov por el sonido de la alarma y Horacio por los suaves besos que el ruso depositaba sobre su rostro acompañados de las delicadas caricias en sus mejillas.

El de cresta era siempre el primero en ducharse, utilizaba aquello de excusa para dejar a su novio haciendo la cama y levantando las almohadas que siempre terminaban por el suelo, pues el moreno solía moverse bastante al dormir.

Una vez Horacio salía de ducharse, se dirigía a la cocina, poniendo la cafetera a andar mientras Viktor tomaba el turno en la ducha. Le costó trabajo, pero al final logró aprender la cantidad exacta de café que debía colocar para que quede como a su pareja le gustaba.

Terminaba de colocarse la máscara de pestañas, haciendo algunas muecas en el espejo mientras el ruso se colocaba las pistoleras y comenzaba a reunir sus cosas para salir.

Escuchó las llaves sonar, indicando que el peliplata estaba a punto de salir, lo que hizo que dejara todo como estaba y saliera corriendo hacia la puerta, sólo para encontrar al mayor de pie, esperándolo para despedirse.

Sonrió ante la ternura que le causaba el pequeño gesto de haberle esperado, aproximándose y depositando un suave beso sobre sus labios, para después apartarse y quedarse mirando pensativo el rostro de su novio. Algo hacía falta, aunque no lograba identificar el qué.

Su rostro se iluminó al darse cuenta de lo que faltaba, corriendo hacia la cocina para humedecer sus manos y regresar a la puerta, acercando la mano derecha a su cabello, tirando de un pequeño mechón y enrollándolo en su dedo, formando un delicado espiral que caía suavemente sobre la frente del ruso.

Miró orgulloso su trabajo, besando nuevamente a Volkov, logrando que la expresión seria de su rostro se suavizara. Siempre lograba convencerlo de hacer algún cambio en su estilo, y no negaría que algunos de ellos terminaban gustándole más de lo esperado.

El pequeño mechón le estorbaba al inicio, sin embargo, nunca se lo retiraba ni impedía que su novio se lo hiciera, sabía lo mucho que le gustaba acomodarle el cabello.

Con el tiempo, logró acostumbrarse a él, aunque no se lo hacía por cuenta propia, sino que esperaba siempre que fuera Horacio quien se acercase a hacerlo justo antes de irse. Adoraba ver tan de cerca la concentración con la que acomodaba el cabello y la sonrisa que se dibujaba en su rostro al terminar.

Nunca imaginó que la compañía de aquel chico le iluminaría tanto sus días. 

Definitivamente lo amaba. 


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Volkacio DrabblesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora