III

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Afortunadamente era fin de semana. Y justamente ese día se completaba un mes desde que fuera transferido de la universidad de Osaka.

Su labor actual no difería mucho del puesto que desempeñaba en otra ciudad. Y si había declinado a favor de la transferencia, se debía, ni más ni menos que a la cercanía de esa escuela elemental con su domicilio.

Terminada su actividad, abandonó el aula y se dirigió a su automóvil.

-Shisui.

La sorpresa fue grande cuando vio a su primo de pie, apoyado junto al cadillac y con una sonrisa de felicidad que traspasaba el buen humor del que su pariente era acreedor.

-Tiempo sin vernos, comadreja- el saludo de Shisui, logró arrebatarle una sonrisa.
**

Sintiéndose sumamente cansado, Naruto entró al vestidor del restaurante, colgó su mochila del ganchillo de la puerta, y se apresuró a vestirse. Llegaba tarde como de costumbre, y Teuchi le había advertido que lo despediría si no empezaba a mostrarse proactivo con sus deberes para con Ichiraku's.

Lo bueno de trabajar en un restaurante de ramen, era la comida gratis. Naruto amaba el ramen, y en cuánto supo que había una vacante disponible de mesero, no dudó un segundo en aplicar. Además la paga era buena. Solo había un ligero inconveniente con el empleo, pero Naruto ya se había habituado a el.

Al salir, se miró detenidamente en el espejo. Se plisó la falda y cepilló rápidamente la peluca rubia de coletas antes de ajustarsela junto a su gaffete de empleado...más bien, empleada.

Naruko. La vacante era para una chica, pero Naruto realmente necesitaba el empleo, y Teuchi se había resignado a hacerle pasar por una cuando vio el buen trato que tenía con los clientes y la excelente disposición al atenderles.

Hasta el momento, nadie se había quejado, y tampoco parecían sospechar sobre su sexualidad. De vez en cuando se daba el flirteo, y Naruto seguía el juego hasta que el cliente en cuestión se retiraba. Su voz aguda le ayudaba a sobrellevar aquella treta bastante bien.

Se hizo con la charola y tras echar un último vistazo al espejo del mostrador, se decidió a salir.

Los viernes solían ser días ajetreados, al menos el turno de la noche lo era. Ese día no parecía ser la excepción.

Varias mesas ya estaban ocupadas y los clientes a la espera de ser atendidos. Naruto sonrió a sus compañeros antes de encaminarse hacia una de las mesas a tomar la orden.

Lo único que le aliviaba de todo el asunto que rodeaba el travestismo, era saberse acompañado. Haku, al igual que él, había llegado poco después. La condición para quedarse era la misma. Nadie sospecharía que esa chica tan linda era en realidad un apuesto jovencito, incluso Naruto había caído la primera vez que le vio vestir el uniforme.

Sonriente, fue a otra de las mesas a anotar el pedido. Iba a la mitad del trayecto, cuando lo vio. Su corazón se detuvo por unos instantes, sus piernas se paralizaron y algo se removió en su estómago.

Allí estaba él. Itachi Uchiha estaba sentado en una de las mesas con su expresión apacible. Pero no iba solo, junto a él se hallaba otro joven de cabello corto y algo desaliñado, su mirada era similar a la de Itachi, aunque parecía mucho menos serio.

Naruto retrocedió unos pasos, cauteloso. Recordó cómo los dos días anteriores había tratado por todos los medios verter la pócima de Tsunade en la sala de maestros.

El resultado había sido desastroso, porque no solo no pudo ingresar, sino que tampoco sabía qué taza usaría su profesor o si bebería o no algo ese día.

Beautiful Lies.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora