1

1.2K 94 20
                                    

(Devonshire, Inglaterra. 5 de abril de 1710)

Un gruñido quería escapar de su boca, sin embargo, debía recordar que, a pesar de que la relación con sus hermanos pequeños no era la mejor, siempre la tomaban como modelo a seguir. Si ella cometía una falta en su conducta, ellos la repetirían y sus padres se enterarían. ¿Pero qué podía hacer? Le parecía inconcebible la idea de tener que estar siempre presente cuando la institutriz educaba a sus hermanos, casi como si la educara a ella.

Ya tenía 20 años, más debía recordar que aún estaba bajo el alero de sus padres y debía obedecer sus reglas; incluso la absurda idea de su padre, Thomas Cavendish, de que no contrajera matrimonio hasta la edad de 20 años. ¿Por qué hacía eso? No lo comprendía, las muchachas desde los 14 años se casaban, pera ella siempre tuvo que mirar hacia un lado y esperar a que llegará su turno, más escuchar los comentarios mal hablados al respecto.

En realidad, la excusa de su padre para esperar tanto, era que el primogénito de una importante familia muy cercana al rey estaba interesado en ella y ya la había proclamado como suya, pero por motivos de trabajo, expediciones e investigaciones por el mundo, llegaría cuando la primavera de 1710 finalice. Antes esa idea la hubiera llenado de júbilo, se habría preparado con esmero para encadilar a su prometido, mas ya siendo una mujer todo era distinto, sobre todo por... bueno, no era necesario entrar en esos recuerdos tan dolorosos y repugnantes.

¡Señorita Cavendish! ─La fuerte pisada de la institutriz sobre la madera la sacó de sus pensamientos─. Usted suele perderse en sus sueños, Dios, no me sorprende que ningún hombre se haya casado con usted y que sea lo más comentado de la sociedad.

"Cuando termine la primavera, Adam Warwick vendrá por mí, eso todo el pueblo de Devoshire lo sabe, así que sus palabras no me intimidan", es lo que Rosé deseaba decir en voz alta y no sólo en su cabeza, sin embargo... ─ Permítame disculparme por mi comportamiento, señora Amelia. ─fue lo único que dijo.

Sus hermanos emitieron una risita, pero al ver la dura mirada de la institutriz Amelia, cesaron y siguieron con su lectura en completo silencio.

Los niños Cavendish, incluso los más pequeños eran educados en casa por dos profesores que los instruían de acuerdo a sus edades, en matemáticas, historia, geografía, filosofía y lenguas como francés, italiano y latín. La institutriz los educaba para que tuvieran conocimientos en pintura, preceptos morales y religiosos católicos, así como también artes musicales como canto, violín y/o piano.

Ellos; William de 11 años, Lily de 10 años, Elizabeth de 9 años, James de 8 años y el pequeño Charles de 6 años, aún tenían que vivir la "tortura" que sus padres querían para sus hijos. Éstos querían chicos de alta sociedad que tuvieran un rico conocimiento en varios ámbitos de la vida. Por suerte, Rosé ya sabía todo aquello de memoria y dedicaba sus días a obras sociales, tertulias con sus "amigas" y enseñar música a los hijos de las grandes familias de clase alta. A pesar de eso, ¡odiaba estar supervisándolo todo!

Señorita Cavendish ¿No debería practicar para el baile de esta noche? Cientos de personas están ansiosos por escuchar su interpretación en piano. ─mencionó la institutriz muy intersada. ¿Por qué ahora se comportaba simpática cuando hace unos minutos la había reprendido por su comportamiento? Sí, esa mujer solía aterrarla.

Es cierto ¡Qué fabuloso! Me pondré mi vestido y sombrero que nuestro padre trajo de Francia. ─dijo emocionada la pequeña Lily. De todas formas, ¿qué celebraremos?

Between love & timeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora