Con un simple adiós me despido de él y salgo de la celda.
Camino de vuelta a casa con miles de pensamientos retumbando en mi cabeza. ¿De verdad he besado a Justin? Madre mía... lo peor es... bueno, no se si lo peor, pero me ha gustado, me ha gustado besarle a él, el recluso altivo, maleducado, bipolar y desesperante.
Cuando llego a casa miro con decepción el pequeño armario que sirve para guardar la comida, sólo hay unos trocitos de pan. He oído muchas veces a los ricos quejarse de no tener hambre cuando sienten tristeza, supongo que eso no es aplicable a nosotros, los pobres. No puedo pensar en ningún momento en el que no haya sentido hambre... excepto, quizá, la muerte de mi madre y... el beso de esta tarde.
No puedo dejar de pensar en Justin, al fin y al cabo, es lo más fácil y menos deprimente que puedo pensar. ¿O acaso es mejor pensar en que mi padre se va a morir?¿O en qué yo sola no podré empezar y mucho menos ganar una revolución? Supongo que no, Justin es el pensamiento más "normal" que mi mente puede albergar ahora mismo. Muchas chicas de mi edad piensan en chicos, aunque no creo que sea de la misma manera en la que yo pienso en Justin. ¿Qué chica de diecisieteaños piensa en un delicuente encarcelado y peligroso como su última salvación? Me temo que soy la única.
Me como el pan masticando despacio, tratando de engañar a mi estómago, pero no sirve. Me voy a mi cuarto y me tumbo en la incómoda y destartalada cama. Entonces me derrumbo, comienzo a llorar sin control, desahogándome de tantas dificultades que he de pasar día a día. Si mamá estuviera aquí... ella sabría darme consuelo, pero no, el mundo no es una caja de deseos y mucho menos de los míos.
En mis sueños aparece Justin, corriendo por un largo y blanco pasillo. Parece agobiado porque mira hacia todos los lados mientras continúa su camino.
"Justin" lo llamo.
"Justin" vuelvo a repetir, pero ni siquiera se detiene, parece no poder verme.
La escena cambia de pronto y ahora estamos al brode de un precipicio. Unos hombres se acercan corriendo. Justin se aferra con fuerza a la llave y se la acerca al pecho. Respira profundamente y salta.
Me despierto acelerada y sudando. Mi cerebro no ha sido capaz de mantenerme en el sueño cuando él... probablemente después de ese salto muriera, simplemente no soy capaz de ver eso. En mi vida he experimentado muchas muertes, algunas más importantes que otras, y sé que tendré que que soportar muchas más, pero no pienso dejar que mis sueños se infesten con esa porquería llamada "vida", que al final no es más que una simple ilusión que precede a la muerte, ese vacío oscuro y deprimente en el que todos caemos antes o después y que no deja una sola marca, sino cientos de ellas; oscuras cicatruces que tiñen los rostros de negro y pudren los más benévolos corazones.
La luz entra débilmente por la ventana, está amaneciendo. Me levanto, me peino y me lavo un poco y me voy hacia la cárcel, no tengo nada para desayunar.
Llegando al centro penitenciario veo un cubo de basura a lo lejos, en la zona donde comienzan a observarse los negocios de los ricos. Ya he hecho esto varias veces así que me arriesgo, mejor morir de un tiro a morir de hambre.
Escudriño la calle de lado a lado y no veo a nadie. Corro hasta el cubo, lo abro y me sorprendo, no huele mal. Hay panes quemados, dulces deformes y masas demasiado blandas. Con cuidado me guardo dos barras de pan bajo la camiseta y cojo una cajita de "mazapanes" con formas extrañas, más bien feas, son unos dulces de almendra y miel típicos de Toledo, un manjar para los más ricos y un simple sueño inalcanzable para los demas.
Siento un golpecito en la espalda y me preparo para escuchar el catillo, pero no sucede. Me giro y me topo con la mirada llena de compasión de un soldado de piel muy oscura y ojos marrones. Parece un poco mayor que yo.
ESTÁS LEYENDO
Tras las sombras
Teen FictionEn el año 6445 el mundo es un caos donde abundan la pobreza y las fusilaciones. Por desgracia, Europa está sometida a una dictadura controlada desde España, dictadura de la cual no pueden escapar. Sin embargo, hay dos personas que crean esperanza al...
