Justin humedece los labios y la cara de Andrés con un paño, ya que está muy pálido, y yo, me mantengo aferrada a su mano como estos dos días de suplicio en los que él no responde. Estoy atacada de los nervios y eso provoca mi insomnio. Llevaré unas tres o cuatro horas en sueño en cuarenta y ocho horas y estoy tan cansada física como mentalmente.
-Iré a por algo de comer, lo necesitas -dice Justin, dejando el paño a un lado en una mesa metálica. Asiento. No obstante no tengo nada de hambre, pero tengo que reponer energías y si no meto nada en mi estómago, temo que me ocurra algo a mí también, y tengo que estar fuerte para Andrés, para cuidarlo constantemente, porque sé, que él también lo haría por mí.
Me quedo a solas de nuevo, sintiendo el ambiente frío y sin vida. Recuesto la cabeza en un pequeño hueco que hay entre la camilla y el cuerpo de Andrés y cierro los ojos, obviamente sin ser capaz de deshacerme, por unos momentos, de lo que me perturba.
Oigo la puerta abrirse y, pensando que es Justin con la comida, me incorporo, pero no es él, es una de las personas que está atendiendo a Andrés.
-Buenas tardes -dice, sonriéndome.
Intento sonreírle pero lo hago de la forma más apagada, es como una noche sin estrellas y la luna tapada por las nubes.
Comienza a hacer lo básico: mira sus pulsaciones, anota en su cuaderno; le abre los ojos y con una linterna los mira, anota en su cuaderno; le coge un brazo, lo eleva y lo deja caer, anota en su cuaderno. Así está hasta que acaba.
-¿Cómo está? -pregunto, claramente preocupada.
-Me temo que seguir igual -suspiro, reparo en el rostro de Andrés y le doy uno de los tantos apretones que le estoy dando durante éstos dos días, rezando para que se recupere.
Hablamos durante un tiempo, en el cual me explica lo que puede tardar en recuperarse en caso de que lo haga. Mantengo la esperanza, pues el hombre ha sido bastante amable dándome la fe que necesito. Le estoy agradecida por ello.
Ésta vez, si aparece Justin, con un par de bocadillos. El olor que desprende a huevo impregna mis fosas nasales, abriendo mi apetito.
-Aquí tienes, mi niña -me lo tiende y lo cojo -. ¿A qué esperas? Come -me insta.
Niego -Espero a que te sientes.
Entonces él, como no hay más sillas, me levanta en la que estoy yo, se sienta él y, cogiéndome por la cintura, me sienta en su regazo.
-Ahora sí -le doy un beso en la mejilla y ambos comenzamos a comernos nuestro bocadillo en silencio.
-¿Estás cansada, verdad? -no es una pregunta, más bien, es una afirmación, de modo que asiento mientras mastico el último bocado.
Él, deja el bocadillo en un lado, lleva sus manos a ambos lados de mi rostro, las mías van al mismo lugar, cubriendo las suyas y me mira con ese brillo tan especial que lo caracteriza. Segundos después, la piel suave de sus labios roza la piel de mí frente con delicadeza y mimo. Sonrío, débilmente, mientras nos miramos a los ojos, es lo mejor que me haya podido pasar.
-Descansa un poco, mi niña -dice, en un susurro, envolviéndome en el abrigo de sus brazos.
No me opongo, me dejo hacer por él. Apoyo la cabeza en su hombro izquierdo y, de forma automática, me siento protegida, como si él fuera la solución a todos mis problemas.
-Gracias -murmuro, sintiendo como el sueño se quiere apoderar de todo mi ser.
-¿Por qué? -responde, de la misma manera.
-Por todo -beso su hombro y vuelvo a pegar con la mejilla pegada a su hombro.
Cierro los ojos a la par que bostezo y me aferro más a él. Si duermo durante media hora podré recuperar algo más de energía y quedar todo el día despierta para Andrés, pero como siempre, todos mis planes son frustrados. Leslie aparece por la maldita puerta.
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Tras las sombras
Fiksi RemajaEn el año 6445 el mundo es un caos donde abundan la pobreza y las fusilaciones. Por desgracia, Europa está sometida a una dictadura controlada desde España, dictadura de la cual no pueden escapar. Sin embargo, hay dos personas que crean esperanza al...
