Capítulo 16

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Un nuevo día. Una oportunidad. La única.

Ha llegado el momento, tras varios días de organización y preparación. Hoy, 24 de septiembre del año 6445, por fin se llevará a cabo esa revolución que hace años todo el mundo deseaba y ansiaba con todas sus fuerzas. Por fin hemos luchado y seguiremos luchando, por nuestra libertad, nuestros derechos y por poder alzar la voz para que todo el mundo pueda escucharnos, queremos hacernos notar, que sepan que existimos en este mundo reclutado, dónde la maldad,la pobreza y la sumisión abunda.

Tenemos derecho a una vivienda digna, a una existencia saludable, a la libertad de expresión, a un trabajo digno en el que podamos descansar para beber agua, o simplemente recargar nuestras energías con la comida necesaria. También a elegir a la persona que gobierne nuestro país, una honrada, que tenga en cuenta la opinión y las necesidades del ciudadano. Todo lo contrario al Sanguinario, que solo se dedica a robarle a los pobres para enriquecerse más de lo que ya lo es.

El reloj acaba de dar las seis en punto de la tarde, echo un último vistazo a la casa, recordando los buenos momentos que he pasado en este lugar junto a mis padres y mi difunta mejor amiga. Suspiro anhelante y me doy media vuelta, sé que si sigo aquí, me echaré a llorar y me cueste más salir de esta casa.

Toco mi bolsillo cuando cierro la puerta de la casa a mis espaldas. Llevo lo más importante para mí, los recuerdos que quiero llevar conmigo allá dónde vaya. Los anillos de bodas de mis padres. Con eso me basta, es más que suficiente.

Comienzo a caminar a paso ligero hacia casa de Ortensia, pero los vellos de la nuca se me levantan, es mala señal, es de mal augurio que me ocurra eso. Entonces, de pronto comienzan a escucharse disparos y gritos. No lo pienso, echo a correr sin ningún miedo por lo que pueda ocurrirme, ahora que soy la mejor baza de Edward, no me harán absolutamente nada.

Freno en una esquina un tato sofocada, con la vista fija en unos soldados que han matado a tres hombres, los cuales reconozco.

Resollando cierro los ojos fuertemenen, sintiéndolo en lo más profundo del alma, otros tres revolucionarios han fallecido, y no sé a cuento de qué, ya que no es el toque de queda todavía.

Esos malditos soldados...

Éstos bromean entre ellos, se ríen e incluso se agachan para coger uno de los brazos de un hombre y juguetear con él, haciendo como que el propio hombre se abofetea a sí mismo.

«¿Cómo se puede tener la sangre tan fría?»

Deseo con todas mis fuerzas que se mueran en el infierno, incluso que antes de morir, sufran. Que el mismísimo diablo los torture por todo nuestro daño.

Veo que se van, cuando desaparecen al final de la calle más chulos que un ocho por llevar sus sofisticadas metralletas en el hombro, echo a correr hacia casa de esa mujer tan dulce llamada Ortensia.

Cuando llego, aporreo la puerta con impaciencia, quiero saber qué demonios ha pasado, por qué han matado a esos hombres. Antonio, me abre y entro como si de una estampida de tratase.

-¿¡Alguien me puede decir que ha pasado ahí fuera!? -exclamo, alterada,mirando a las cinco personas que se encuentran en el salón, sentados en los sofás, desgastados por los años.

Una mujer que le da el pecho a su bebé, me mira con miedo en los ojos y comienza a negar con la cabeza. Un sollozo sale de su boca y se lleva la mano al pecho para que el bebé se acople mejor. Otro hombre, trata de calmarla acariciándole la espalda con cariño.

-Ya habíamos llegado aquí. Pero esos inconscientes, querían salir y arriesgarse a coger más comida del mercado. -responde, Agustín. Éste se levanta y se lleva las manos detrás de la cabeza.

Tras las sombrasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora