Subimos a los helicópteros, los motores rugiendo y las aspas girando sin cesar, produciendo un viento artificial.
Yo voy en el segundo que despegará, junto a Justin y Leila.
No me gustan nada las miradas que ella le dirige a mí chico. Debería saber que yo soy la jefa aquí, y lo mío, no se toca.
De repente siento como el helicóptero se levanta del suelo, y cosquillas recorren mi estómago.
Voy a volar por primera vez y es... simplemente increíble.
Una vez que estamos en el aire, y a pesar de los cascos que nos han colocado en las orejas; escucho mis oídos pitar hasta que me duele la cabeza.
Siento la mano de Justin entrelazarse con la mía con delicadeza, yo acaricio sus nudillos con cuidado.
Entonces él besa mi mejilla, pero giro el rostro para que sus labios choquen con los míos.
Justin sonríe en mitad del beso, enviando descargas de electricidad por todo mi cuerpo.
-¿Podeis parar?- dice Leila con desprecio -No me apetece vomitar.
Yo hubiera seguido, no tengo qe parar sólo porque ella me lo diga, pero es Justin el que se aparta, aunque pasa un brazo por encima de mis hombros.
Observo el paisaje debajo de nosotros, es todo mar.
El agua azul, con cierto oleaje, me fascina. Es la primera vez que veo el mar. Su inmensidad, tanto física como biológica es... agh es increíble.
Cuesta imaginar la cantidad de peces y plantas que crecen en él, la cantidad de vida que esconde tras su superficie cristalina.
Apenas se sobre lo que se oculta realmente bajo el mar. Quiero decir, mi madre me enseñó muchas cosas, de libros de texto robados a los ricos pero... no lo suficiente, nunca nada lo es para los pobres como yo.
Aunque... todo ha cambiado en mi vida, ahora yo y todos los revolucionarios somos caminantes perdidos en una senda sin destino aparente, forjando planes el día a día, tan sólo esperando encontrar nuestro sitio y que esta guerra termine. Pero, por suerte o por desgracia, solamente acaba de empezar.
El viaje en helicóptero hacia Roma son alrededor de tres horas, no podemos ir demasiado deprisa, pues los radares y patrullas del dictador podrían darse cuenta de nuestro furtivo vuelo.
Cuando llevamos media hora en el helicóptero, empiezo a sentirme algo mareada
Cierro los ojos y respiro profundamente, pero no funciona.
Como por un milagro, parece que el sueño comienza a acecharme, y, apoyando mi cabeza sobre el hombro de Justin, me quedo dormida poco a poco.
Un sueño comienza desde lo más profundo de mi mente.
Justin y yo corremos por un prado lleno de hierba verde y sana.
Pero no huimos de nada, simplemente nos limitamos a dar zancadas a toda prisa, riendo, pasándolo bien.
Al final él me alcanza y, abrazándome por detrás, me hace caer al suelo, junto a él.
Me quedo tumbada encima suya, y observo sus preciosos ojos de color miel. Destellos dorados surgen de ellos a la luz del Sol, que se pone en un perfecto atardecer.
Acerco mi rostro a él para besarlo, y él levanta ligeramente la cabeza para alcanzar mis labios.
Sin embargo, cuando al fin rozo su boca húmeda y sedosa, un líquido caliente empapa mis labios.
ESTÁS LEYENDO
Tras las sombras
Teen FictionEn el año 6445 el mundo es un caos donde abundan la pobreza y las fusilaciones. Por desgracia, Europa está sometida a una dictadura controlada desde España, dictadura de la cual no pueden escapar. Sin embargo, hay dos personas que crean esperanza al...
