cuatro.

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Llevaba aproximadamente cuarenta minutos observando la pantalla de mi teléfono, Chris me pasó tu número y yo lo guarde de inmediato, me pareció un regalo muy preciado. Algo que se da solamente después de tener un poco de confianza. No sabía que decirte, por lo menos, en un pequeño mensaje no terminaría tartamudeando como un idiota. Se supone que había superado ese problema, pero ya parece que no, ni de broma.

Todavía no podía creer que te hubieses (voluntariamente) ofrecido a ayudarme, al principio no noté que estabas allí sentado porque me desconcentré pensando en que no debería llorar más, no me gusta, me termina doliendo la cabeza y no puedo dormir bien, así que no me gusta llorar pero a veces lo hago muy a menudo. Estaba concentrado en eso cuando me senté a tu lado y luego, cuando te vi, creí que quizá lo mejor era que saliera corriendo de allí.

Escuché una conversación telefónica entre Chris y Hannah, y ambos parecían coincidir en que la razón de tu alejamiento era que yo estaba constantemente alrededor, admito que me sentí un poco mal al principio, pero luego entendí que si estabas mejor así entonces todo estaba bien. Hannah y Chris son mis amigos también, y me aprecian. Quizá no sea tan genial como tú, pero intento hacerles compañía. Así que verte sentado en la mesa de nuevo me toco cada fibra del cuerpo, me sigue pareciendo que eres muy grande, pero fuiste amable y eso multiplico tu tamaño en cosas buenas.

Nunca pensé que fueras malo.

Estaba sentado en la cama sin saber que escribirte, quizá podría decir simplemente hola. Pero quizá sospecharías de un numero extraño y me bloquearas. No quiero eso, quizá pueda decir "Hola, soy Mateo" ¿Y luego qué? ¿Y si me bloqueas igual por que te arrepentiste? Sé que no debería ser tan cobarde, pero ya es un poco tarde. Tal vez sea mejor que te mande un mensaje mañana. Si, eso.

O no, tal vez mañana pienses que soy un desinteresado y retires tu ayuda. Es mejor que te envíe un mensaje ya y aunque lo veas mañana al menos sabrás que me importa, si, eso es lo mejor.

Terminé como un idiota escribiendo, "Hola, soy Mateo"

¿Podría haber sido mas soso? Seguro que no.

Puse el teléfono lejos y me tapé la cara con una almohada, tenía tanta vergüenza que ni siquiera puedo explicártelo. Chris me miró desde su escritorio con expresión confundida.

—¿Esta todo bien?

—Si...es que, vi algo en internet. Disculpa.

Chris solo sonrió y regresó a su trabajo, estaba concentrado estudiando para sus futuros exámenes y yo trataba de permanecer en silencio. No quise observar mi teléfono por un rato, hasta que sentí que la cama empezó a vibrar y me quedé de piedra.

Volteé el teléfono lentamente. Una llamada, tuya.

Me sonrojé de los pies a la cabeza y me quedé básicamente sin saber como moverme, atado a mi sitio como si las vibraciones del sonido combinadas con tu nombre fueran algún cantico mágico que me impedía moverme. Tragué saliva y de nuevo, Chris me observó.

—¿No vas a contestar?

—Eh yo...n-no, sé

—¿Quién es?

—Una compañera...no, no sé que quiere.

Chris sonrió, pero yo me sentí bastante avergonzado de tener que interrumpir sus estudios. Me apresuré a tomar el celular y a salir corriendo hacia la puerta. Cerré tras de mí y volví a mirar la pantalla. Nicholas, Nicholas, Nicholas.

Un idioma extraño que me moría por aprender. No supe como encontré la valentía para juntar mis dedos y contestar aquella llamada. Me daba muchísima vergüenza no responder, pero tenía pánico, me sentía helado de solo saber que comenzaría a tartamudear porque se trataba nuevamente de ti.

Apreté el botón de contestar con las manos sudadas y la cara ardiendo de vergüenza.

—¿Hola? —respondí. Un logro de vida, cuatro letras juntas sin perder la concentración. Tenía que darme ánimos.

—Pensé que no ibas a contestar —tu voz me recorrió todo el cuerpo a través del pequeño aparato, sonabas tranquilo. Ligero, no como el hombre que me había colocado una mano en la boca para que me callara. No sonabas molesto, pero por alguna razón me sentí asustado y quise disculparme de inmediato. De nuevo, estaba intentando no sobre disculparme con las personas porque ese es un acto de mal gusto.

—E-estaba v-viendo a-algo —respondí. Esta vez no tuve éxito.

Te reíste, te reíste conmigo, o de mí, pero imaginarte siendo feliz por una fracción de segundo gracias a mí me hizo sentir que todo el mundo giraba a mi favor. Me quedaría con esa imagen y sería feliz yo también.

—Mañana, cuatro de la tarde en la biblioteca.

—E-está bien —respondí. Ni siquiera sabía si tenía alguna clase, para ese momento lo único que me importaba era tu voz. Me interesaba saber que me estabas diciendo algo, a mí. Cuatro de la tarde, todas las horas de mi vida si es necesario. Me quedé callado, pero te escuche suspirar, ¿Qué hay en tu mente?

—Hasta mañana, Mateo —dijiste y yo me quedé mudo. Mencionaste el futuro y yo era una persona que solía vivir en el pasado, yo era una criatura de experiencias muertas. Mencionaste el mañana y por primera vez, sentí que había uno para mí, un mañana a las cuatro de la tarde en la biblioteca, contigo. El futuro sonaba bien si venía de tu boca. Al igual que mi nombre, era como si por primera vez me pareciera que hablaban de mí.

—H-hasta m-mañana, Nicholas —respondí. Tu nombre en mi boca no sonó diferente pero es la frase mas valiente que he pronunciado hasta ahora, me atreví a responderte como un igual aunque fuera por un tonto teléfono, me sentí a tu altura aunque fueras gigante, aunque miraras mal. Sentí que decir tu nombre y combinarlo en el futuro conmigo me convertía en alguien especial, diferente.

Después de eso la línea se quedo muda y yo pude respirar.

Me aventuré a escribir esto porque después de aquella llamada sentí que no sería una persona real hasta que no fueran las cuatro de la tarde, en la biblioteca. Sentí que no sería nada hasta que esa temporalidad me golpeara y me volviera real, ahí dejaría de ser papel y me correría sangre por las venas.

A las cuatro de la tarde sería el comienzo de todo. 

Querido Nicholas,Donde viven las historias. Descúbrelo ahora