La noche de la presentación, mi telefono nunca dejo de sonar hasta que le apagué. Al principio, las llamadas se sucedian un poco, cada cinco minutos, luego fueron tres, luego sonó continuamente hasta que le apagué. Intente, intultimente beber hasta que perdiera la conciencia pero me fue imposible beber una sola gota de licor. Era extraño, casi podía sentir la neccesidad en mi cuerpo, la resaca, el dolor de evitarlo. Y al mismo tiempo, no soportaba la idea de tomar un solo trago.
Llevaba días pensando en él. En sus manos, en su cuerpo, en su boca. Pensaba en como lloraría esta noche por mi culpa y estuve a punto de lanzarme por la ventana. La noche recorría apenas pequeños segundos que, en mi agonía parecían casi horas.
Logré dormir levemente hasta que el sonido de la puerta me despertó. No tenía sentido, y sin embargo, los constantes golpeteos me sacaron del placido sueño en el que evitaba mis problemas. Hasta este momento, creo que fui muy estupido. Era obvio que encontraría a Mateo mirandome desde abajo.
Tenía el cabello humedo porque llovía, las mejillas sonrosadas por el frio, o porque lloraba. No pude distinguirlo. Me moría por abrazarlo, por tenerlo. Pero sabía que acercarlo a mí lo alejaría sangrando, y había tenido suficiente de eso como para saber que jamás volvería a lastimarlo.
Salvo aquella noche.
—No estabas —dijo, la voz rota, las lagrimas y la lluvia adornandolo.
—Mateo...—comencé a decir, esperaba tener una excusa. Era bueno mintiendo, y sin embargo, no parecía que mi cerebro conectara nada en absoluto.
—¿Puedo pasar?
Asentí, y se metio en la casa. Estaba tan empapado que dejaba huellas de agua por donde pasaba.
—Dejame traerte algo seco —dije, pero su respuesta trajo más frio que la propia lluvia.
—No vine a quedarme, Nicholas.
Tragué saliva.
—¿No?
—Quiero la verdad.
Esta vez el aire me abandono. Sus ojos brillaban con un enojo que prometía tragarme entero. Quizá el monstruo dentro de Mateo había sido traido a la vida por mi. Nada contendría el impacto, la caida. Aquí es donde me voy a romper.
—No sé de que me estás...
—Quiero saber porque te acercaste a mí.
Y entonces el mundo comenzo a girar en un sentido contrario. Las horas nos llevaron a ambos a un pasado doloroso, un viaje sin retorno. De repente todo estalló en colores fríos, en negro.
—Te lo he dicho varias veces...—comencé a decir, esperando retroceder y respirar. Pero Mateo se movió rapidamente hasta la encimera de la sala, donde una triste lampara se encontraba. Abrió el primer cajón, y aunque supe inmediatamente lo que buscaba y sobre todo, lo que encontraría, intenté detenerlo, pero no llegué a tiempo.
El cuadro brillaba con una luz casi artificial.
La cara sonriente de Katharine nos miró a ambos, con esa suficiencia suya tan marcada. Ya no pesnaba que Mateo se pareciera a ella, creía firmemente que ella nunca podría ser como él.
—¿Qué es... esto?
Me quedé plantado en mi lugar, con todas mis mentiras amarrandome como si fueran cadenas. Era ya por entonces un prisionero de todo aquello que me había negado a sentir desde que lo conocía, y ahora que mis sentimientos eran tan claros, me sería imposible salir de aquí.
Observó la foto por una enorme cantidad de tiempo. Lloraba silenciosamente, pero incluso desde mi punto de vista, su corazón latía con una velocidad impresionante. Quizá era la primera vez que alguien le rompía el corazón, y este era el momento en el que se daba cuenta de que todas sus decisiones habían sido erroneas. Que jamás debería haberme dirigido una sola mirada, que yo era una enfermedad de la que tardaría en curarse.
—¿Como sabías donde buscar?
—Chris me dijo que observara este cajón...pensé...—dijo, pero se interrumpía para respirar. Estaba perdiendo el aire. Yo se lo estaba robando. —pensé que tenía algo que ver con la bebida, creí que... no sé. ¿Por qué me parezco a ella?
—No tengo idea. Hasta donde sé, ustedes no están relacionados.
—¿Quién es?
—Mi exnovia.
Y entonces, al mirarme, supe que lo había entendido ya todo.
—Fue por ella que te acercaste a mí. Porque me parezco a ella.
No pude responder.
Vete
No te vayas
Alejate
Lo lamento
Fue un error
Te amo
Habría preferido que me gritara durante horas, pero fueron aquellos minutos de silencio la cosa más dolorosa de toda mi vida.
—Es cierto —respondí.
—Me has usado todo este tiempo. Que enfermizo.
—No es como...
—¿Entonces como es, Nicholas? —lo escuché gritar por primera vez. —Como...¿como has podido? Yo... Te quiero, ¿Lo sabes, verdad? Y he hecho todo esto para que me quisieras un poco de vuelta y... Tú la quieres a ella.
—Mateo...por favor... Lo siento.
Yo tambien te quiero.
Cuando alzó de nuevo la mirada, parecía inerte. Lejos había quedado el niño dulce que me cocinaba y que me había besado la mejilla. Probablemente aquella noche llevaba maquillaje en los ojos, porque algunas de sus lagrimas se escurrían negras como el alquitrán. Lo recordé aquella vez en la fiesta, tan atrevido y tan timido al mismo tiempo como para no darme la mano. Me ofendió profundamente que no me tocara aquella vez.
Y entonces se limpió la cara con la manga humeda de su sueter. A pesar de que lloraba, era su tranquilidad lo que me aterraba. Lanzó el retrato al suelo con fuerza. El vidrió se hizo añicos, el cristal y la madera de los marcos acabo en pedazos alrededor del suelo.
Me miró a los ojos mientras pisaba el retrato.
No sentí remordimiento alguno por su foto, por fin alguien le había puesto punto final y a mis absurdos sentimientos. Y era casi poetico que su foto terminara siendo pisada por Mateo, que lo mismo había hecho con su recuerdo y con todo lo que yo solía sentir por ella.
—Por favor...Lo lamento.
Me miró de nuevo aquel extraño en el que se había convertido.
—Ni aunque te arrodillaras —respondió.
Caminó entonces hasta la puerta con una firmeza y decision que me helaron la sagnre. Nunca lo recuperaría porque yo me había encargado de asesinarlo, de darle caza. Me había entregado lo mejor de él, había sacado la luz en mí y yo terminé por oscurecerlo.
Cerró con un portazo y se fue de mi vida.
Caí de rodillas al suelo, entre los vidrios. Me corte las rodillas y un pedazo de cristal roto se me clavó en la mejilla.
Por primera vez en varios años. lloré.
Y luego, por meses, no pude parar.
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Querido Nicholas,
RomanceCuando Nicholas termina la única relación en su vida que lo ha hecho sentir vivo, se refugia en el alcohol y está dispuesto a hacer cualquier cosa para olvidar a su exnovia. Y entonces conoce a Mateo, tan tímido e inocente como para ser irreal. Nic...