el desastre que me tienes hecho/primero mío antes que nadie.

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Mateo y yo caminamos juntos hacia su habitación en lo que me pareció una eternidad de recorrido, los pasillos estaban vacíos, la gente salía y entraba de la residencia. Después de todo era viernes y la mayoría de los estudiantes tendrían algo que hacer. Nosotros también.

En el camino a su cuarto me planteé lo surreal que había sido todo, lo vi caminando frente a mi con los brazos recogidos, casi temblando, y de repente no me podía siquiera creer que me hubiera dicho que sí. No sé si había estado esperando una negativa de su parte, o si quizá en el fondo siempre me sentí un completo cobarde como para nunca decirle lo que me provocaba. Él había dicho que, si quería y había cambiado el rumbo de la historia, había volteado todo el tiempo a su favor. Mi tiempo.

No se atrevió a voltear a mirarme, pero yo podía imaginarme lo sonrojado que se encontraría en ese momento, como su piel blanca y su cabello que al principio me había parecido tan negro se combinarían para darle aquel aspecto provocativo. Imaginarlo tanto iba a hacer que terminara restregándome contra él en alguno de estos pasillos. La cremallera del pantalón me lastimaba de lo duro que estaba. Inútilmente había pensado que los nervios calmarían mi ansiedad, las ganas inmensas que le tenía, pero no era cierto...Yo solo me sentía más excitado aún. Y él caminaba despacio frente a mí, sin atreverse a mirarme. Quizá era mejor así. Tampoco quiero que voltees a ver el desastre que me tienes hecho.

Llegamos al segundo piso y este estaba más desierto aún. Me planteé el acercarme a él, provocarlo de alguna manera, pero seguía existiendo el riesgo de que alguien nos viera y eso acarrearía problemas. Para cuando llegamos a su habitación, las manos le sudaban y estaba temblando de una manera casi frenética. Su nerviosismo me resulto enternecedor.

Sacó de su bolsillo un pequeño llavero y rebuscó como podía la llave correcta, acerco sus manos al pomo de la puerta e intentó introducir la llave. Las manos le temblaban tanto que no parecía ser capaz. Me pregunté si estaba nervioso o en cambio, si estaba asustado, de mí. No me permití dejar ese pensamiento desarrollarse.

Me acerqué a él desde atrás y le pasé los brazos por la cintura, encerrándolo entre la puerta y yo. Sentía perfectamente su trasero rozando mi erección por sobre la tela y aproveche para rozarme un poco contra él. No lo había planeado, pero ya que tenía la oportunidad...

Mateo dio un respingo.

—¿Qué pasa con la llave? —le dije al oído.

—E-es q-q-que n-n-no p-puedo...—tartamudeo de una manera casi extrema. Yo tomé sus manos entre las mías y guie la llave hasta el pomo de la puerta. Se abrió sin problemas. Mateo camino levemente lejos de mí y yo cerré la puerta con seguro. Para cuando encendí el interruptor, él estaba cerca de una mesa de noche colocando sus anteojos allí. Me miró sin saber que hacer, y aunque él debería tener más experiencia que yo en esto, parecía perdido.

Yo caminé hasta la cama y me senté allí. Mateo permaneció quieto, y más que quieto, lejos. No era el mejor para actuar con paciencia y lo único que quería era quitarme este calor de encima, quería sacármelo a él de la cabeza para volver a mi sufrimiento si era necesario, al menos ese era un sentimiento conocido para mí. Volvería a escribirle mensajes a mi ex novia que estaba feliz con otra persona y algún día olvidaría todo...

—Ven —le dije. Estaba seguro que había intentado hablar bajito y con cadencia para no asustarlo, pero mi voz no ayudaba demasiado. Mateo dio un pequeño respingo, pero obedeció. Se quitó los zapatos y camino hasta mí. Lo vi de repente más pequeño y atractivo que nunca. ¿Atractivo? ¿Qué demonios estoy pensando? No es...atractivo en ese sentido. Solo se me hizo que se veía bien, agradable.

Bueno, atractivo si, quizá. Al demonio.

Se quedó parado frente a mi y como yo estaba sentado en la cama, por primera vez nos vimos fijamente a los ojos, quedó a mi altura y yo a la suya. Me detuve a observar su cara mientras me decía a mi mismo que tenía que ser cuidadoso. Mientras me detenía a mí mismo de cogérmelo duro sin preguntar nada.

Querido Nicholas,Donde viven las historias. Descúbrelo ahora