Emisión

598 113 32
                                        

Perspectiva de Yongsun:

El tiempo ha avanzado bien, han pasado algunas semanas, procuramos encontrarnos al menos una vez por semana.

En cada encuentro compartimos cosas que nos han pasado, platicamos de nuestros sentimientos, el como se siente una respecto a la otra, todo lo que nos logramos transmitir, como ha funcionado bien nuestra química, esta semana acordarmos vernos mañana y yo estoy muy emocionada, luego de largas búsquedas, encontré un hospital donde pueden hacer lo que tengo en mente «o al menos eso entendí según una referencia de internet», aunque está un poco lejos, vine hasta acá porque Byul se merece absolutamente todo, la emisión de su energía, su optimismo y ganas de hacer el mundo suyo me traen hasta aquí.

Bajo del taxi y subo las pequeñas escaleras sintiendo un frío creciente que emana de las puntas de mis pies hasta mis rodillas, quiero culpar al clima nublado y frío.
Entro por la puerta principal y me acerco a la recepción:

— Hola, buenas tardes.
— Buenas tardes, ¿en qué le puedo ayudar? —Contesta la jovial recepcionista—.
— Quisiera hablar con el médico optometrista.
— Claro, en un momento, ¿tienes una cita agendada?
— Sí, me registré hace algunos días. Me dieron este folio.

Saco de mi bolsillo un papel donde apunté el número de 8 dígitos antes de venir. Ella lo toma y mete los números en su computadora:

— Gracias señorita Yongsun, en un aproximado de 20 minutos el doctor estará disponible, puede esperarlo en su consultorio —Saca un gafete con el número 07 y me lo da— pasa al número 21, allí llegará el.

Recibo el gafete, agradezco y camino hasta el consultorio 21.
Me siento en la silla delante del escritorio y paso saliva.

«Recuerda que no es renunciar a tu vida, sólo es compartirla».

En menos de 10 minutos escucho pasos acercarse, tomo una postura derecha que perdí sin darme cuenta al encerrarme en mis pensamientos, siento un hormigueo ardiente en mis manos:

— Buenas tardes señorita Yongsun, disculpe la demora.

Se acerca y extiende su mano para saludarme, de manera instantánea lo saludo:

— Buenas tardes.
— ¿Con qué intención ha realizado la cita? —Se sienta sobre la silla de cuero detrás del escritorio y me mira atento—.
— Quisiera saber respecto a la operación para recuperar la vista, el transplante de córnea. —Casi inconscientemente hago fuerza en las piernas—.
— Bueno —se recarga en la silla— en realidad es una operación muy noble. Primeramente porque los donantes de córnea no tienen que ser "compatibles" con los beneficiarios. Cualquiera puede hacerlo y es un donante universal, a menos que haya enfermedades muy específicas.  Tampoco es necesario que exista una compatibilidad en el grupo sanguíneo y el color de ojos de ambas personas.
—¿Entonces no podría afectar que sus ojos sean de color distinto al mío?
— ¡En absoluto! La córnea es una capa clara y separada, no tiene que ver con el iris colorido.
— ¿Y qué se hace en esa cirujía? —Aprieto el borde de mi suéter para poder liberar algo de nervios— 
— A esa operación se le llama queratoplastia penetrante.
Durante este procedimiento, el cirujano extirpará un pequeño pedazo redondo de la córnea. Usualmente las personas están despiertas y se les aplica anestesia.
Una vez extirpado, se suturará el tejido donado dentro de la abertura de la córnea. Más del 90% de éstas operaciones son exitosas, la recuperación varía en cada paciente, pero no suelen rebasar el año.

Siento pánico por lo que estoy a punto de decir y a la vez, me llena de ilusión el pensar en que podría regresarle una parte de su vida a Byul «aunque a costa de una parte de la mía...»
Ese pensamiento me hace sudar frío, si lo pienso más no lo diré, me limito a hablar:

— Entonces si yo quisiera donar... —Se me va al aliento al terminar la palabra—.
— Tendrías que firmar un documento que diga que estás de acuerdo con donar una vez que hayas fallecido.
— ¿No puedo hacerlo ahora? —Me siento confundida—.
— No. A diferencia de otros órganos, éstas no se pueden donar en vida.

Siento desilusión y a la vez, tranquilidad. Claro que me daba miedo renunciar a uno de mis ojos, pero de verdad me gustaría poder ver el mundo como Byul lo podría ver... Me desilusiona saber que no podré ser su donadora.

— ¿Para quién es la información que buscas? —Pregunta curioso—.
— Alguien muy cercano... ¿Hay manera de buscar algún donante?
— Hay bancos de ojos, lo sé, suena extraño.  Pero se dedican específicamente a esto.
— Quisiera meter los datos.
— Claro, te puedo dar el formulario y tú vas a entregarlo a la dirección que te daré —Rápidamente saca un formato impreso y lo extiende junto con un bolígrafo—.

Y ahora, falta lo más difícil, convencerla de hacerlo.

Blind LoveDonde viven las historias. Descúbrelo ahora