- Si sigues así morirás virgen, Mochi.
Éso y el consolador rosa que acababa de regalarle su amigo TaeHyung fue la gota que rebalsó su inexistente paciencia.
No podía creer que realmente estuviera considerando aquella tarjeta que venía en el paquete...
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En el preciso momento en el que su nariz pudo tocar el aire intoxicado de la ciudad, debería haberse dado cuenta de que nada sería tan sencillo.
Parecía ser que el vivir era una lucha constante, desde ganar la carrera de ser el espermatozoide "ganador" hasta el momento mismo del nacimiento en donde uno salía despavorido al mundo.
Gracias al personal policial pudieron evitar a la marea de periodistas que se abarrotaban en la entrada del cuartel de oficiales. Otro favor que le debería a Jackson.
Su mano era firmemente sostenida por su omega, quien parecía un lobo al acecho preparado para hundir sus garras en cualquiera que pudiera acercarse y lastimarle.
Aquello le hizo sonreír.
JiMin apenas y tenía unos diminutos colmillos que se le hacían lo más tierno del mundo en algunas ocasiones, y en otras, el hecho que se clavaran en su piel se le hacían lo más apetecible.
El pelirrosa cruzó miradas consigo, llameando.
Todavía tenían asuntos pendientes.
El mundo podía estar a punto de arder, pero Min sería feliz de morir enterrado en lo profundo de su omega.
¿Qué mejor final que ese?
— No me mires así, lobo malo. —mencionó con una sonrisa el menor.
— ¿Así cómo? — fingió inocencia.
— Sabes a lo que me refiero. — sus mejillas tomaron un leve color carmín.
— Te ves hermoso con ese tono rosado, ¿Sabes que otra parte de ti también es de ese color y me encanta?
— ¡MIN! — expresó muerto de la vergüenza de que alguien más pudiera escuchar su charla.
— ¿Qué? Hablaba de tu cabello. — tomó una de las hebras entre sus manos.
Ambos sabían perfectamente a que se estaba refiriendo el alfa, por lo que a JiMin no le quedaba otra que negar divertido. Además, prefería profundamente verlo reír y no tan abatido.
Luego de tanto sufrimiento, no podía creer que estuvieran caminando por la calle como una pareja normal.
Cosas tan simples como poder tomarse de la mano en vía pública, poder disfrutar de un simple paseo, una comida a la vista de todos.
YoonGi ya no tenía que esconderse ni tampoco le rendía cuentas a nadie.