- Si sigues así morirás virgen, Mochi.
Éso y el consolador rosa que acababa de regalarle su amigo TaeHyung fue la gota que rebalsó su inexistente paciencia.
No podía creer que realmente estuviera considerando aquella tarjeta que venía en el paquete...
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El amanecer había llegado y los jóvenes seguían juntos. Aún quedaba un último lugar que el rubio quería mostrarle.
JiMin no podía evitar que su corazón se encogiera de felicidad al ver cómo el mayor se estaba abriendo ante él. Todavía podían faltar muchos detalles, y tenía demasiadas preguntas dándole vueltas en la cabeza pero también sabía que YoonGi no era alguien que le diera tanta confianza a la gente, haciéndole sentir de gran importancia.
— De acuerdo cachorro, este es el último lugar de mi recorrido... Recuerda que por más destinados que podamos ser, la decisión está en tus manos, así como todo mi ser también. — el rubio le dió un ligero beso en los labios para luego salir del auto.
El menor todavía no se acostumbraba a tales muestras de cariño, siempre se había quejado de ellas y de quienes las practicaban, sin embargo ahora era él quien las disfrutaba.
JiMin bajó del auto con las mejillas ligeramente sonrojadas, tratando de recobrar la compostura. Miró en frente y se dió con una casa que además de verse bastante lujosa, también era lo suficientemente grande como para tener a un equipo de fútbol completo.
Le parecía demasiado para alguien que vivía solo...
Por qué YoonGi vivía solo...
O al menos eso creyó JiMin.
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Ambos habían ingresado al hogar del rubio, y en un flash, YoonGi fue atrapado por una pequeña bolita que se aferró a sus piernas.
JiMin no entendía nada, peor aún cuando el alfa tomó al niño entre sus brazos y le dió un sonoro beso.
La cosa no mejoró cuando vió que un tipo bastante alto, de grandes hombros y, siendo sinceros, demasiado hermoso, JiMin sentía ganas de morir.
— ¡Hasta que por fin llegas Yoon! — mencionó el recién llegado.