- Si sigues así morirás virgen, Mochi.
Éso y el consolador rosa que acababa de regalarle su amigo TaeHyung fue la gota que rebalsó su inexistente paciencia.
No podía creer que realmente estuviera considerando aquella tarjeta que venía en el paquete...
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Era una cálida noche de verano en la que un joven pelirrosa se encontraba recostado en su habitación, boca arriba y mirando desinteresadamente las notificaciones en su móvil.
Bufó al no haber encontrado nada nuevo que poder ver y le llamara la atención lo suficiente como para distraerle de su repentina soledad en esa enorme casa.
Últimamente no tenía mucho tiempo libre por fuera de sus nuevos proyectos laborales, porque sí había algo en lo que Park culo inquieto JiMin no podía tolerar, era vivir de arriba de los ingresos de alguien que no fuera él mismo.
YoonGi había insistido en que con la fortuna que había logrado esconder de sus tíos podían vivir tranquilamente, además de que sus trabajos en la galería de arte se vendían como pan caliente, pero el omega había crecido con la idea de quetoda magia, tenía su precio.
Todos los lujos y comodidades que había podido obtener, incluso la casa misma en la que actualmente estaban viviendo, había salido producto del esfuerzo de tantos años.
La experiencia y conocimientos, además de los contactos y el talento natural con el que sabía que había nacido para los negocios y la industria de la moda, era algo que ni siquiera su querida madre había podido quitarle.
Suspiró al recordar las noches que su alfa había pasado consolándole por el destrato de su progenitora. YoonGi se había dedicado a acurrucarle mientras acariciaba dulcemente su espalda y a pesar de que no dijera una sola palabra, no hacía falta para saber que estaba allí para apoyarle.
Y ni hablar de lo dulces que habían sido Hye y Kai, ayudando al Min a consentir al reciente desempleado.
JiMin podría haberse permitido el estar deprimido durante un tiempo a causa de haber perdido la empresa por la que tanto había trabajado durante años, pero no le daría el lujo a nadie de verle derrotado y abatido por algo que sabía que no sólo podía reconstruir, sino que podía crear un nuevo imperio con el apoyo de su adorada familia.
Así era cómo había logrado poner paños fríos a la situación y los engranajes de su mente habían comenzado a moverse en sus nuevos proyectos.
Pensándolo en retrospectiva, su madre le había hecho un favor al sacarlo de un nido de víboras que esperaban ansiosos la oportunidad de un paso en falso para devorarle completamente.
Ahora sus días no contenían el estrés propio de una empresa multinacional, sino que se la pasaba mucho más relajado, acomodando sus tiempos conforme a los horarios de los demás miembros de su familia.
Además que había aprendido a no quedarse sólo con solo una idea, sino que a lo largo de su vida había invertido como accionista en varias cadenas hoteleras así como también en pequeñas empresas que estaban dando sus frutos.
También se encontraba ayudando a refaccionar el modesto restaurant que estaba debajo del atelier de su alfa.
La anciana dueña del local le había adorado a primera vista, e incluso hasta le había reprochado el haberse tomado demasiado tiempo para encontrar a su destinado y que Yoonie había sufrido demasiado su espera.