- Si sigues así morirás virgen, Mochi.
Éso y el consolador rosa que acababa de regalarle su amigo TaeHyung fue la gota que rebalsó su inexistente paciencia.
No podía creer que realmente estuviera considerando aquella tarjeta que venía en el paquete...
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Era el día.
¡Por fin había llegado el momento que tanto habían estado esperando!
JiMin se sentía a punto de desfallecer producto de los nervios que sentía.
Su omega no se encontraba mucho mejor que su parte humana, ambos estaban demasiado ansiosos y con temor de lo que pudiera suceder en las próximas horas.
Por fin había llegado el momento en el que su alfa ingresaría a quirófano para poder practicarse una reversión de vasectomía.
— Amor, sí sigues dando tantas vueltas terminaras por hacer un surco en el suelo. — bromeó el rubio, mientras su pareja evitaba morderse las uñas sistemáticamente. — Tienes que relajarte, cariño... Los doctores dijeron que no duraría más de dos horas...
Park suspiró al escuchar aquello. Sí, seguramente serían dos horas y ya les habían explicado el proceso de intervención quirúrgica, además que la pareja se había tomado el tiempo de ver varios videos explicativos y testimonios de personas que ya habían pasado por una operación así.
Sin embargo eso no tranquilizaba al omega.
Serían dos horas en las que tendría su alma en vela esperando a que YoonGi despertara y volviera a su lado sano y salvo.
— Aún no entiendo porqué tienen que dormirte, Yoonie... — se quejó preocupado.
En la mayoría de las instancias operatorias referentes a una reversión de vasectomía tradicional, se realizaba con el paciente anestesiado de la cadera hacía abajo, pero en este caso, el cuerpo medico había determinado que para poder trabajar con detenimiento en la zona y mantener la tranquilidad de la parte animal del alfa, lo mejor sería que el Min se quedara en un profundo sueño.
Cosa que aterraba al omega.
YoonGi estaría inmerso en un profundo sueño del que había posibilidades de no volver a despertar sí no le administraban la medicación de forma correcta.
Millones de escenarios en donde su alfa no volvía a abrir sus hermosos ojos ni a inundarlo con su amor, se formaban en su mente, llenándole de inseguridades que le susurraban tomar al rubio y salir corriendo del hospital.
— ¡Ven aquí, gatito! — le llamó para que se refugiara en el calor de sus brazos.
El pelirrosa no dudo en acercarse al alfa que se encontraba recostado en la cama de hospital, vestido con una bata blanca del lugar.