- Si sigues así morirás virgen, Mochi.
Éso y el consolador rosa que acababa de regalarle su amigo TaeHyung fue la gota que rebalsó su inexistente paciencia.
No podía creer que realmente estuviera considerando aquella tarjeta que venía en el paquete...
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JiMin suspiró nuevamente al ver aquellos reportes de la empresa...
Agradecía muchísimo a TaeHyung el hecho de que llevara toda la parte de la economía, sinceramente si no fuera por él, todo el negocio familiar se habría acabado.
Todavía recordaba aquellos momentos en donde su padre acababa de fallecer y en medio de todo su dolor, tuvo que hacerse cargo de la empresa, y uno de los principales problemas con los que se había encontrado fueron las finanzas.
El pelirrosa todavía no podía entender como algo así se le podría haber escapado de las manos a alguien tan meticuloso como lo fue Park JungMi, y eso lo llevó a comprender la gravedad del estado en el que su progenitor estuvo, y él, ni enterado.
Su padre siempre le había dado todo lo que alguien habría podido desear...
Los mejores atuendos, los juguetes más nuevos y ostentosos, y sin embargo, lo que JiMin siempre anheló fue poder pasar más tiempo con él, y porque no, también con su madre.
Sin embargo parecía ser que uno no puede tener todo lo que desea, ya que sus padres duramente se soportaban más de unas horas y, ni hablar de compartir un mismo espacio un par de días.
De seguro que JiMin no fue ni el primero ni sería el único hijo en el mundo con padres y una relación tormentosa entre ellos. Por eso fue que jamás les pidió hermanos (aunque muriera de ganas de tenerlos) y la vida le había regalado a TaeHyung. Jamás les pidió más tiempo juntos, y obtuvo a su nana que le había acompañado en sus días más difíciles. Nunca les exigió nada a ninguno de ellos y había disfrutado completamente cada instante en donde les tenía a cada uno.
No podía quejarse del todo. Ellos le habían dado lo que podían con lo que tenían, pero eso sí que le había marcado, resultando en no querer comprometerse con nadie...
El hecho de ser un omega en ésta maldita sociedad parecía ser sinónimo de estar subyugado a un alfa, a sus pies para sus deseos y demandas, a esperar a esa persona en punta en blanco y con la casa brillando... Y no sólo eso, a estar "dispuesto" para todo.
El pelirrosa no iba a arriesgarse a nada, no dejaría que nadie le atara como a sus padres y a su fallida unión que había muerto antes que el fallecimiento de su padre.
El haberse mantenido virgen hasta ese punto había sido su escape perfecto a cualquier cosa.
A pesar de que claramente sabía de la existencia de diversos anticonceptivos, nadie había valido la pena como para siquiera intentar probar algo así como tener sexo.
La idea todavía le disgustaba hasta que cierto rubio se colaba por su mente, poniéndole la piel de gallina con tan solo imaginarle.