Valentina
Ni bien Mateo terminó de decirlo, me di vuelta y caminé hacia la ventana, parece que lo hace todo a propósito. La música retumbaba contra las paredes y sonaba La Despedida de Daddy Yankee, esa canción la podría estar bailando a más no poder pero no, acepté jugar ese juego de virgenes. No me quiero seguir "tirando onda" con un pibe que tiene novia, no es justo para la piba y me sentiría muy mal en un futuro, como lo estoy sintiendo ahora.
—La voy a dejar.— habló rompiendo el silencio entre los dos, sentí que posaba una de sus manos sobre mi hombro para poder mirarme, cosa que logró.
—A mi no me incumbe si la dejás o no, odio que me mientan a la cara.— negué con la cabeza, él asintió cabizbajo.— Además no somos nada, Mateo. Nadie te dijo que me dés explicaciones de nada.— reí jugando con los hielos del vaso.
—Ya sé, pero vi la necesidad de decírtelo.— acotó mirando de reojo mis labios. Frustrado, revoleó su mirada para un costado y se sentó en la cama de dos plazas, mirando de vuelta a la nada.
Al verlo tan colgado, dejé mi bebida en el piso y al lado de la ventana, acto seguido yo me senté detrás de él y coloqué mis manos en sus hombros para hacerle masajes, tiró su cabeza para atrás y soltó un gran y pesado suspiro. No soy quien para castigarlo de algo que no tenía ni la más remota idea, pero no me gusta ser cómplice de cuernear a alguien, porque las mujeres tienen el complejo de echarle la culpa a la misma mujer en vez de preguntar las cosas antes de acusar.
—¿Cuánto vamos?— pregunté apoyando mi cabeza sobre su hombro, el morocho sacó su celular del bolsillo y se fijó la hora.— ¿Dos minutos nada más?— alcé las cejas ofendida, esto no termina más.
—Se pasan volando, no te quejes.— me llamó la atención mientras me bajaba de la cama para pararme enfrente de él.
—¿Puedo?— consulté señalando sus piernas, él asintió sin problema y sacó sus codos de donde le pedí.— Así que sos de aries. Mirá vos. No sabía eso.— saqué tema de conversación una vez que me senté encima suyo.
—Cómo la baja que las minas crean en los signos...
—¿Quién dijo que yo creo en los signos?— interrumpí pasando mis manos por su cuello.
—Cómo la sube que no creas en lo signos.— corrigió sosteniéndome por la cintura y yo reí por lo bajo.— ¿Qué pensás hacer en estos minutitos que quedan? ¿Jugar a las cartas?— argumentó mirándome a los ojos, hay cosas más importantes para hacer en vez de jugar a las cartas.
—Haría muchas cosas, pero estás de novio y no da.— recordé y él resopló.— Y como vos dijiste, se llega a enterar Ignacio y yo estoy, muerta no, lo siguiente a muerta.— advertí, y sí, le sigo teniendo miedo a las actitudes de mi casi algo.
—Que no se entere y listo.— propuse, sin embargo, yo lo miré mal.— Ojo, yo no quiero ser el cuerno oficial de nadie.— repitió lo que yo le dije a mis amigas hace varios minutos atrás, parece que me leyó la mente o escuchó nuestra conversación.— Igual, qué volado sería chapar con Daddy Yankee de fondo, ¿no?— insistió más emocionado.
Mordí mi labio inferior al ver los de él y creo que ya ninguno de los dos aguantaba para más, o por lo menos yo, de a poco me estaba volviendo un poco adicta a esa boquita. Aprovechó el momento de silencio y me acercó más a su cuerpo para después cortar la poca distancia que había entre nosotros en un chape que al principio fue tranquilo, pero después se descontroló y se formó en uno de los mejores que tuvimos hasta ahora.
Me dio vuelta y me acotó en la cama para seguir besándome con más comodidad, lo hacía de una manera tan lenta y apasionada a la vez que eso es lo que me volvía completamente loca. Cómo me tocaba, cómo encajaba su boca con la mía, cómo se tomaba el tiempo de saber qué es lo que quería. Son detalles que nunca supe que los varones podían tener.
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polaca; trueno.
Fiksi PenggemarP || "Terminé de caer que era tan real el amor que sentía, que hasta me apenaba por la gente que todavía no pasó por este sentimiento de ver a alguien y decir «no sé cómo ni cuándo, pero sé que sos vos»" Donde Valentina hace lo que sea para que su p...
