16. ¿Glóbulo rojo?

1.5K 91 95
                                        

Valentina

Bajé del auto de Ignacio aún sintiendo el nudo de la garganta que se me había formado desde un principio cuando leí el mensaje de Venecia. Ahora no se me pasaba por la cabeza entrar a la casa de Mauro y encontrarme con la imagen de él y Chiara gozando de alguna canción o hablando como si no hubiese pasado nada. Me acomodé la ropa y vi de reojo la casa del nombrado dueño, y mis ojos se fueron directamente a aquella ventana que rompí con nervios tras la presión de Ignacio. Ahora el espacio estaba cubierto por un cartón.

La puerta estaba abierta y se veía a la gente que bailaba adentro, o a los que tomaban, o chapaban, o peleaban. En las jodas de Mauro todo puede ser posible.

—En lo que sea que estés pensando que te tenga preocupada dejá de pensarlo, ya es bastante lo que pasaste hoy como para que sigas bajándotela.— habló Ignacio una vez que terminó de ponerle seguro al auto, y acto seguido se paró en frente mío para mirarme directamente a los ojos.

—Pero me da bronca.— repetí lo que ya dije reiteradas veces, pero ahora miraba para otro lado, no me gusta hablar de estas cosas con él. No me siento cómoda y menos sabiendo que le tiene odio a Mateo.

—Obvio que te va a dar bronca porque es tu casi novio, pero si a él le pinta dársela de pelotudo que se la dé; él sabe lo que tiene que hacer.— insistió con el mismo tema.— ¿Prendemos uno antes de entrar?— propuso sacando su grinder de su bolsillo, yo asentí.

—Solo uno.— advertí apoyándome sobre el auto.

Se puso a armar el porro mientras que yo sacaba de vuelta mi celular para ver si Mateo había subido alguna historia que lo delatara, pero nada, todavía estaba la foto que había subido a mejores, que apenas la vi me largué a llorar en frente de él y no paraba de reírse. Ahora no sé cómo quedará todo. Escuché el ruido del encendedor y a los segundos ya vi el humo esparcirse en el aire.

Me lo pasó a mí y absorbí lo que pude rápidamente, entre menos piense lo que estoy haciendo va a ser mejor. Sentir que algo espeso me recorría la garganta me daba tranquilidad, y cuando lo suelto pasa lo mismo. Le devolví el porro a Ignacio y guardé el celular en el bolsillo de mi short, no quiero entrar sola, me siento desprotegida.

—¿Vamos?— preguntó cuando terminó de fumar, volví a asentir y antes de caminar hacia la entrada, me acomodé un poco la ropa por las dudas.

El ambiente era el mismo que me había imaginado, solo que ahora había más gente que la otra vez y eso me ponía bastante nerviosa, tenía que buscar a mis amigas entre todo este tumulto e iba a tardar una eternidad. Lo único que pude ver fue que Mauro ya se nos acercaba a nosotros con su bebida y una sonrisa totalmente expuesta de que está en pedo.

—¡Te extrañé!— exclamó cuando ya me estaba abrazando por los hombros, yo reía sin parar.— ¿Qué onda, desaparecida? ¿Cómo va todo?— me preguntó mirándome a los ojos mientras sostenía mi rostro en sus manos.

—Bien, ¿vos?

—Todo bien.— contestó para después volverme a abrazar.— No pensábamos que ibas a venir, y menos con este tonto.— se refirió a Ignacio a modo de burla, y el nombrado lo empujó riendo.

—Por lo menos hola, ¿no?— atacó Ignacio revolviendo su pelo y eso hizo que casi pierda el equilibrio, o bueno, perdamos.

polaca; trueno.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora