17. Bolsita delatadora.

1.6K 79 85
                                        

Valentina

—¡Soy una locura!— festejé al ver el golazo que le metí al hermano de Mateo y solté el control de la play sobre la mesa.— ¿Viste que vos no me tenías fe? Ahí tenés.— le hablé orgullosa al mayor y él mordió su labio inferior para contener risas.

—Es que me tocó el control malo.— justificó su mala racha Emilio, es literalmente igual que el hermano.

—Claro, y yo soy morocha.— bromeé tirando mi cuerpo para lo que restaba del respaldo.— Pedimela.— accedí refiriéndome a la revancha y él me miró dudando.

—Primero, necesito recargar energías.— explicó levantándose de su silla, yo reí ante su mala excusa porque sabía que había aceptado.

—¡Traenos algo, perdedor!— aportó Mateo mientras observábamos cómo se iba a la cocina, y acto seguido se sentó al lado mío, robándole por completo el lugar a Emilio.

Con Mateo estaba todo más que bien, ya llevábamos dos semanas viéndonos bastante seguido y pasábamos tiempo juntos ya que dentro de poco tiene que ir a dar shows por la costa y no nos íbamos a ver por unas tres semanas aproximadamente, no muy buena noticia para mi ser. En esas dos semanas conocí mejor a su familia y él conoció de una vez por todas y de buena manera a mi viejo, quien al principio no estuvo de acuerdo con tener un encuentro con él ya que desde que nos fuimos a la joda de Mauro, estuve "castigada" por llegar a una hora no pactada.

Digamos que se terminaron llevando bien, charlaron mientras cenábamos y a Mateo al principio lo notaba nervioso, pero luego se desenvolvió bien y fue una buena noche. Yo tuve un almuerzo con su familia casi completa porque se sumaron varios integrantes más y no podía creer lo hermosa que era, siempre a las risas y con mucho cariño entre ellos, me alegraron la vida con solo escucharlos.

Mateo y yo seguíamos sin título y siempre, a todo aquel que nos preguntaba, le teníamos que mentir diciendo que nos estábamos conociendo todavía, lo cual es verdad pero ya nos contamos y experimentamos un montón de cosas, eso llevaba a una eterna duda: sea lo que sea que tengamos, ¿podrá avanzar más que esto? ¿Podrá tener significado?

—¿Qué mirás?— preguntó cuando me quedé tildada pensando todo eso y viendo su rostro, que me dio a entender que sí, estaba demasiado enganchada. No podía negarlo por mucho tiempo más, ¿no?

—Lo feo que sos.— respondí.

—Flashaste, vos sos más fea que yo.— hizo montón con la mano y yo alcé ambas cejas dándole la razón.— Sos tan fea que hasta te daría un beso, pero no le doy besos a feas.— admitió haciéndome reír.

—Uh, estás en el horno entonces.— lamenté causando otras risas en el morocho y después se acercó a darme dos besos seguidos, no aguantó ni un minuto. A eso le llamo ser flojito.— ¿Hacés algo a la tarde?— pregunté aún sintiendo sus besos por mi rostro, pero él negó.

—¿No leíste el grupo?— interrogó señalando con su cabeza el celular, el cual se encontraba sobre la mesa.

—¿Hablaron?

—Por algo te pregunto, tonta.— contestó y yo lo miré alzando una ceja ofendida, cosa que hizo que Mateo me dé otro beso como disculpa.

—Hablan muchas pelotudeces en un día, vos incluido.— advertí desbloqueando mi celular y entrando a WhatsApp, tengo todos los chats archivados menos el de él, mi papá y el grupo con mis amigas; capaz que por eso no me percaté de los mensajes.

—¿Qué bardeás?— se quejó más ofendido que yo.— Vos para lo único que usás el grupo es para decir que nos callemos, sos re anti.— criticó pasando su brazo por detrás de mis hombros así acercarme a él.

polaca; trueno.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora