24. La novia invisible.

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Mateo

—¡Muy bien, campeón!— me felicitó mi viejo apenas bajé del escenario con todos los gritos de fondo, casi que ni lo escuché.— ¡Los felicito!— corrigió cuando vio a Camilo saliendo atrás mío.

—Cómo la descosimos, eh.— dijo mi amigo agarrándome por los hombros y yo reí.— ¡Dale que nos queda uno y la rompemos!— me alentó mientras yo enrollaba la remera entre mis manos.

Estaba a nada de quedarme sordo por los gritos que pegaron cuando me la saqué en medio del escenario. ¿Qué quieren que haga? Me sofocaba el calor.

Y sí, tuve que volver a incluir a Camilo en mis shows porque fue cualquiera sacarlo por un problema ínfimo que solucioné al toque. La piba no cumplió con lo que dijo y salió a decir que regalaba entradas a lo loco dejándome a mi como el menos comprometido en lo que hago. No desmentí nada porque el chiste se cuenta solo, que la gente hable por hablar. 

Me encantaría estar igual de emocionado que mi equipo y mi viejo, pero la cosa no era así. Hace días que no mantenía una conversación fluida con Valentina y eso hizo que no dé lo mejor en los shows, salvo en este, porque ayer nos quedamos hablando hasta tarde por videollamada y la notaba muy feliz pero a la vez, muy apagada, como si quisiese ocultar algo obligándose a estar bien, cosa que también me dejaba bastante preocupado.

Entramos todos al camarín y yo me tiré en el sillón como un muerto, no me daban más las cuerdas vocales y menos el cuerpo; cuando llegue a capital voy a estar hecho pija. Todos se pusieron a festejar de lo excelente que salió todo, pero yo solo me ponía a pensar en la cantidad de cosas que logré en esta corta gira por la costa, fueron pocos los días que pisé la playa, pero fueron días increíbles. No dudaba un segundo de que quería pasar esto con alguien al lado, y todos sabemos en quién pensé.

—Disculpen que los moleste, pero la salida está colapsada de gente. Van a tener que esperar para salir.— avisó un guardia entrando al camarín, no teníamos apuro en irnos así que entendimos la situación.

—¿No estás contento, wacho?— me preguntó mi productor, Santiago, al cual lo considero más que eso. Como un amigo.

—Obvio que voy a estar contento, ¿viste cómo la gente saltaba con C90?— reconocí y él asintió riendo, en un momento del show lo miré a él pensando que se iba a caer el techo de lo mucho que la agitaban.— Fue increíble, hermano. Nunca la pasé tan piola.— sonreí con el corazón latiendo a mil. Sé que no lo demostraba tanto.

—Entonces ¿qué es esa cara? Arriba, dale.— me animó sobándome el hombro.

—Extraño a mi wacha, hace dos semanas no la veo. Ella me dice que está igual.— lamenté mirando para abajo y sentándome mejor en el sillón.— Quedan como tres o cuatro días más y es un embole, me siento re vacío.— confesé un toque tímido, muy raro que él me vea así.

—Pensá que los días se pasan volando y en un toque ya vas a estar con ella, tranqui.— me calmó y yo asentí, sus palabras mucho no ayudaron porque lo mismo me dijo Under, Camilo, mi viejo y hasta mi novia misma.— Y decime, ¿no pensaste escribirle algo?

—Cómo me conocés, hijo de puta.— reí, da miedo lo mucho que pueden llegar a leer la mente las personas.— Obvio que sí, pero siento que quedo re intenso, no llevamos ni un mes.— aclaré pero mi productor bufó.

—Vos escribí, yo tengo unas bases re piolas que son romanticonas, llamamos al Brian y le pedimos una ayudita con el bajo.— se ofreció con total empeño.— Se lo podés dar para su cumple, por ejemplo.— propuso.

—Cumple una semana después que yo, así que por ahí puede ser.— admití rascando mi nuca, siempre lo hago cuando pienso. O sea, nunca.

—Estamos joya entonces, venite al estudio algún día y lo cocinamos con condimento y todo.— invitó y eso me subió un poco el ánimo, pensar que me llevaba de diez con un compañero es un golazo.— Obvio que te doy todo el tiempo del mundo para que te quedes pollereando con tu novia apenas llegues a Buenos Aires...

polaca; trueno.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora