Todo estaba saliendo muy bien en la vida de Agnes, tenia a sus amigos, a su hermano, a su tía, pero lo que no esperaba Agnes, era tener que descubrir los secretos que la rodeaban todo el tiempo, haciendo que las mentiras mas pequeñas sean ya suficie...
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Agnes Wilson
Le doy dos golpes a la puerta.
Estoy frente a la casa de Mariel. No estoy nerviosa ni preocupada, la verdad me siento muy confiada de lo que hare. Puedo controlar esto.
No tengo un plan concreto, pero se cómo empezar una conversación normal y llevarla a una que me ofrezca información.
Jenn se fue temprano. Se despertó con fuerte de dolor de cabeza y muy abrumada, no me quiso hablar de nada, había amanecido muy amargada y de muy mal humor así que preferí dejar que se fuera tranquila. En cambio, no había rastro de Amber.
No llego a la casa y no la he visto desde hace dos días, últimamente está siendo muy irresponsable.
No puedo encargarme de Max, por eso la única opción que tuve es que pasara unos días con uno de sus amigos, poniendo como excusa que sería una pijamada.
En otra parte.
No he dejado de pensar en aquel beso con Jayden. Me he preguntado qué hubiera pasado si Jenn no hubiera entrado a la habitación.
¿Hubiera detenido el beso? ¿Me habría dejado llevar por el momento?
No estoy completamente segura de lo que pudo haber pasado y tampoco es que quiera saberlo.
Mis pensamientos se esfuman al escuchar la puerta abrirse despacio dándome a la vista a una mujer de cabello castaño que llevaba una bata puesta y unas ojeras muy visibles. Su rostro era agotado y sin fuerzas, no llevaba ni una pizca de maquillaje, podía sentir la tristeza en su mirada acompañado de curiosidad al abrir la puerta verme de pies a cabeza.
—¿Hola? —Me mira frunciendo el ceño.
—Hola, mucho gusto soy una de las vecinas —Estrecho mi mano con una sonrisa amable.
Ella observa mi mano algo confundida hasta que decide tomarla.
—Un placer —Suelta mi mano y me mira— Eh... tu eres...
—Oh, que mala educación —Digo con torpeza— No nos conocemos.
Ella niega.
Suspiro
—Soy Agnes y vine a verla. Ya sabe, por lo de... —Ella se detiene mirándome fijamente.
—Agnes... Agnes Wilson ¿No? —Me pregunta con ojos muy abiertos y sorprendidos.
Espera, ¿Cómo sabe mi apellido?
—Eh... si la misma —Digo con el ceño fruncido.
La mujer me mira con sorpresa como si no creyera lo que estuviera viendo en aquel momento.
—Pensé... pensé que habías muerto con ellos —Se me acerca y comienza a tocarme las mejillas, viendo si en verdad era yo.
—¿Muerto?... —Murmuro confundida mientras la mujer me abraza.