Capítulo 23

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Mariel Preston

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Mariel Preston

Meses antes

Hay personas que suelen engañarte toda tu vida y aun así no sentir peso de aquello.

Mariel Preston, una adolescente de 16, padres perfectos, novio perfecto, chica perfecta, amigos perfectos y sin más que pedir... una vida perfecta.

No soy adinerada, ni vivo en un cuento de hadas, pero las cosas que tengo siempre trato de hacerlas ver perfectas y eso siempre me ha sido irritante. Las mentiras de mis padres han sido un nuevo peso para mí, nunca he tenido problemas con ellos a menos que no sea el caso de que mi padre.

Suele ser muy sobreprotector, aquello causaba que quiera alejarme de él, ir a visitar el mundo, a pesar de tan solo tener entre 15 a 16 años y pronto 17.

Mi novio, Jayden Wilson.

Ha sido la única persona a mi lado durante mis momentos más difíciles, lo conozco desde que somos niños, era dos años mayor que yo, pero siempre me había gustado, era como ese amor no correspondido, ese que ves que perfectamente nunca sucederá porque no eres capaz de admitirlo.

Sabía que no me necesitaba a mí, sabía que no le gustaba lo suficiente, tal vez no me amaba, pero me quería y eso era lo que me importaba. Le pedí que sea mi novio y el acepto, aquello me hizo sentir feliz, pero obviamente insegura de mí misma, porque en verdad no sabía si solo estaba conmigo para olvidarla.

Recuerdo a la perfección el día que cambio mi vida por completo, ese día, el cual una pequeña curiosidad había logrado que todo de un giro inesperado y mi vida perfecta acabara.

—¿No te quedaras? —Pregunto.

—Tengo cosas que hacer.

—¿Cómo qué?

—Asuntos míos.

Jayden suele ser muy reservado todo el mundo, no importa lo mucho que te aprecie, nunca se abre con nadie.

—¿Después de tus asuntos?

—Más asuntos...

—No me jodas —Me quejo— Jayden, no pasamos tiempo juntos, no después de llegar de parís. Allá eras más tierno.

—Tu padre me pone de mal humor —Admite.

—Ignóralo...

—¿Como lo ignorare? No me quiere a tu lado y lo sabes.

—Me protege.

—Si, claro.

Suspiro.

Preston no es el mejor suegro que puedas tener, suele ser fastidioso en ocasiones.

—Debo irme ya —Se levanta.

—Está bien —Digo sin ánimos.

El me levanta para colocar sus manos en mi mejilla y besarme como despedida.

Fríamente Calculado (EN EDICIÓN)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora