Iván no durmió mucho, solo pensaba.
No podía recordar lo que se sentía estar sin Gabriel. Quizás porque, en esa época, sus percepciones eran distintas. ¿Cómo vivían los humanos incapaces de vincularse?
Estaba seguro de que no podría existir infierno peor.
Aún estaba oscuro, pero no faltaba mucho para él amanecer.
El desván tenía una desventaja; desde muy temprano el sol entraba a raudales. Decidió intentar dormir y casi a punto de hacerlo, sintió una presencia. Levantó la mirada y recorrió la penumbra. No había nadie y sin embargo ahí estaba. Alguien. O algo.
Trató de calmar su corazón y de soltar su cuerpo. De no preocuparse por las cosas que como humano ya no podía ver. Entonces entendió.
Están tratando de comunicarse conmigo.
A su lado, Gabriel seguía dormido. Se veía tan vulnerable. Necesitaba el descanso.
Iba a ser difícil entrar en el estado de conciencia necesario. Lo más seguro era que terminara dormido también.
No podía decir exactamente que escuchó la voz, al menos no con los oídos. Pero la voz estaba ahí.
"¿Por fin me escuchas, Dariel?"
Iván sonrió. Pasaron siglos, dicho de forma literal, desde la última vez que alguien le llamó así; era la forma en que se nombraba a un niño que se instruye. Quien hablaba no podía ser otro que su antiguo preceptor.
"¡Qué gusto escucharte!" pensó. "¿Qué puedo hacer por ti, Den Árika?" dijo, usando la forma respetuosa hacia alguien más sabio.
"Vuelve a casa, Dariel"
La felicidad que sentía y la paz del silencio que había logrado para abrir la comunicación con su preceptor se evaporaron. Perdió la concentración, abrió los ojos. Sentía un deseo abrumador de seguir hablando con alguien del Elaree. Era todo un consuelo. Y la posibilidad de volver hizo que todo le diera vueltas. Más probablemente por su reciente experiencia de inanición que por otro motivo, pero se sentía inestable, mareado y sin aire.
Se esforzó para calmarse hasta reanudar la comunicación.
"Mantén tu atención, que es mucho lo que tengo que transmitirte".
"Árika, en esta forma es muy difícil"
"Lo sé, Dariel, estás atrapado sin posibilidades de liberación"
"Nunca he tenido esperanza de redimirme, Árika"
"Tú destino está entre nosotros. Deberías estar ahora en mi lugar, guiando a los siguientes. En cambio, te ataste a lo que te arrastra directo a tu destrucción".
"Árika, mis lazos son eternos e irrevocables. Mi voluntad pertenece a mi Xosen"
"¡Con cuánto respeto hablas del que te arrastró a la oscuridad, Dariel! La desvinculación es posible. Puedo ayudarte. Y una vez roto el vínculo, ascenderás, porque no es tu naturaleza la que te ancla a la tierra. No debes aceptar un destino que no te pertenece."
"De ninguna manera aceptaré eso. Prefiero morir".
"No te espera la simple muerte humana, Dariel. Muy pronto estarás rodeado de tinieblas y de ahí jamás podrás emerger"
"Mientras siga vinculado, no me importa."
"No sabes lo que dices. No tienes idea de lo que será para ti el sufrimiento, porque no es tu propio camino el que te lleva, serás luz atada a la oscuridad, atacado y vencido para siempre. Te harán pedazos, serás suyo, peor que esclavo, no entregaras tu lealtad al poder, te rebelarás y querrán destruirte."
No era como si Iván hubiera pensado mucho en ello. Sabía que eventualmente el descenso era una posibilidad. La cuestión era que se había aferrado a la alternativa; una vida humana relativamente constante, libre de la muerte y de las enfermedades, libre de la vejez. Un par de errantes en el tiempo de la tierra. Dentro de mucho tiempo, la civilización cambiaría o se acabaría. Y cuando llegara ese momento, pues ya verían qué se tenía que hacer. No tenía caso preocuparse antes. Tal vez faltaban milenios. Por primera vez se preguntó qué le pasaría a un Edénnari si acaso perdía su cuerpo, si lo destruía de forma irreparable.
"Solo estás entreteniendo tu mente humana para que no se dé cuenta de la realidad. Postergas el sufrimiento, como un humano cualquiera".
"Tienes razón, Árika. Pero no estoy evadiendo la cuestión", sí lo hacía. "Sé lo que me espera. Lo sabía cuándo Gabriel cayó y me ofreciste romper el vínculo. Y te diré lo mismo que entonces: No voy a ir a ningún lado sin mi Xosen. No me importa si muero o si me arrastro en el fango, mientras estemos unidos".
"Gabriel. Hace mucho tiempo que no tengo en mente a ese Luon. Es un ser de oscuridad. Lo era desde que estaba con nosotros."
"Eso no es verdad, Árika. Siempre fue el más fuerte."
"No, fuerte no. Ni poderoso tampoco. Brillante, sí. Hermoso y talentoso. Pero frágil. Obtiene la luz que lo preserva y la fuerza de ti. Tú sí que eres fuerte y poderoso, Dariel. Por eso te instruí, para convertirte en el guía que debías ser. Ahora tu Xosen es un ser de oscuridad que se apresura a encontrarse con las sombras que ya lo están buscando."
"¡Él no es un ser de oscuridad!" pensó. Pero al mismo tiempo recordó instantes en los que parecía haber cambiado, como cuando salieron de la casa de Ana, o un rato antes, mostrando una mueca de cinismo que nunca vio antes. Árika lo sabía también.
"Se apresura a serlo"
"¡No! Solo estamos pasando un momento difícil. Vivimos como humanos. ¿Sabes lo corrosivo que es eso?"
"Lo hemos sabido siempre. Por eso evitamos que diáfanos seres como tú, atraviesen esa experiencia horrible, Dariel. Pero es evidente que no importa lo que diga o haga, no estás dispuesto ni por salvar tu vida. Ya ni siquiera tu humana vida. Ese Luon con el que te vinculaste no te pertenece. Es de las sombras y has tratado de mantener un vínculo que se pudre lentamente. Él hará sus propias elecciones. Tendrás que soltarlo antes. O te arrastrará. Si ya ahora no lo reconoces, imagina lo que será después. No tienes otra opción y lo verás por ti mismo. La decisión es tuya. Lo haces ahora sin sufrir o irás todo el camino hasta que no puedas más. No puedes ir con él, ni siquiera él te lo permitirá."
—¡No! ¡Den Árika!
—¿A quién estás llamando Den Árika? —susurró una voz de sueño a su lado.
Iván notó su desván iluminado por las primeras luces grises del día. Hacía frío y era porque en la agitación se había separado de Gabriel y botado las mantas. Y la voz de Gabriel a su lado se notaba lejana, superada por un ruido blanco en los oídos, un zumbido cascado. Nunca había intentado abrir los canales de comunicación con nadie del Elaree, su antiguo hogar.
"Seguiré pendiente de ti hasta que sea demasiado tarde para salvarte. Y seguramente después también. Habla cuando quieras que te escucharé."
Supo que se había terminado porque su audición volvió a ser la misma de siempre. Gabriel, acostado a su lado, le miraba con atención.
¿De verdad estaba corriendo tanto peligro? Ser arrastrado a la muerte no era peor que ver como la luminosa presencia de su Xosen se corrompiera en nada más que oscuridad.
Árika no mentía. No tenía porqué hacerlo. No hay intereses personales que proteger en el Elaree. Desde la humilde visión humana que se veía obligado a tener, ¿sería capaz de notar cuánto había descendido su Xosen?
—¿Iván? ¿Te sientes bien? Estás pálido. ¿Estabas soñando? —preguntó Gabriel, incorporándose para verlo mejor. Iván se le echó encima como alguien que, por proteger a otro, lo tira al suelo. Buscó su boca, desesperado, le apretó con demasiada fuerza, se hizo espacio entre sus piernas y buscó su miembro con movimientos demasiado rudos.
Gabriel se echó para atrás, como si se hubiera asustado. Logró escabullirse de la cama y salió huyendo, por primera vez en su vida juntos.
Se alejó con dirección al baño.
Iván se quedó en la cama. Solo, otra vez.
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Dénnari
ParanormalAna pensó que sería solo una experiencia. Una noche con Gabriel e Iván: dos hombres unidos por algo que parece demasiado intenso. Entre ellos no hay amor como lo conocemos. Hay vínculo. Cuando Ana entra en su órbita, no presenciará una historia de...
