—Hola. —saluda ella y se sienta a su lado sonriente.
—H-hola. —tartamudea, y al instante se arrepintió de haber hablado, seguramente ahora ella se burlaría de Luke porque su saludo no era para él.
—¿Cómo te llamas? —pregunta, sin borrar la sonrisa. Aunque ella ya lo supiera de sobra, quería oírlo de su boca.
Él levanta la cabeza, la mira y se sonroja. Le esta hablando a él. Nota por unos segundos su corazón dejar de funcionar y sus pulmones necesitar urgentemente aire.
—L-Luke. —murmura nervioso, sus manos empezaban a sudar. Tenia miedo de fastidiarla y que ella se largará corriendo.
—¿Qué tienes ahí? —una cosa que caracterizaba a Alexis es que era muy curiosa, y eso solía hartarle a la gente. Pero a Luke no le molestaba que le pregutara, al contrario. Él quería que le hablara, que le preguntara, que nunca más se fuera de ahí.
—N-nada, es u-na tontería. —lo arrugo rápidamente.
Si ella se llegara a enterar de que la había dibujado, se reiría de él y se lo contaría a todos. Aunque por otra parte, sabía que ella no era así. Pero de todos modos, ni muerto se lo mostraría.
—¿Eres tartamudo? —preguntó dulcemente, una simple curiosidad que le parecia tremendamente tierna.
—N-no, —tragó saliva— claro que no. —Luke, extrañamente, no se sintió ofendido ante su pregunta, la forma con la que la formuló, sabía que no iba a malas.
—¿Estás nervioso, entonces? —sonrió de medio lado.
«Demasiado»
—No. —desvió la mirada a su cuaderno, la hoja estaba en blanco.
Alexis se recostó en el árbol.
—Pues yo me llamo Alexis, puedes llamarme Alex.
—Lo sé, voy a tu clase.
—Lo sé. —sonríe— ¿No es genial? Me ha tocado la mejor clase.
Luke sintió de nuevo, su pulso acelerado. Pero no le duró mucho.
—¿Y no sabías mi nombre? —susurra, decepcionado. Era tan sumamente invisible que nadie se percataba apenas de su presencia en clase como para saberse su nombre.
—Claro que lo sabía, —ríe un poco— pero me apetecía oírlo de ti. Como nunca te he oído hablar, pues quería oír tu nombre a la vez que tu voz.
—Oh. —fue lo único que logró decir, mientras sus mejillas empezaban a teñirse de rojo.
Alexis le miró, cada vez le parecía más tierno este chico. Levantó su brazo y le toco la mejilla con el dedo índice, hundiéndolo levemente. A continuación ella rió, en tan solo unos segundos había tomado mucha confianza con este chico.
Luke se puso demasiado nervioso con ese leve tacto, un escalofrío recorrió su espina dorsal y sonrió sin poderlo evitar, formando un hoyuelo justo dónde Alex tenia su dedo.
—¡Oh Dios, tienes hoyuelos! ¡Qué adorable! —exclamó, los hoyuelos eran su debilidad. Y más en esos momentos, que Luke parecia un tomate andante.
—A mi n-no me gustan, —logra decir— me hacen feo.
—¡¿Perdón?! —dice atónita y se sienta bien en el césped, Luke era un chico apuesto y eso se veía a simple vista— Tú no te has mirado a un espejo, ?¿verdad?
—N-no me gusta mirarme.
—Pues qué lástima, porque eres muy guapo. —dice sinceramente.
A Luke, de un momento a otro, le iba a dar un ataque al corazón.
