mares que arrebatan sonrisas.

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Takemichi había chocado con un rubio de ojos azules y que tenía una quemadura decorando parte de su cara. Vestía una camisa de manga corta, ancha, gris claro y una chaqueta fina, azul y blanca al estilo americano. Tenía unos tejanos azul celeste, anchos y que dejaban a la vista sus tobillos y, por último, tenía unos zapatos con plataforma de color blanco y con detalles azules. 

A decir verdad, al contrario que su vaga ropa, Takemichi se sintió cohibido por el gran gusto que tenía Inui. 

Ambas miradas azuladas chocaron y los semblantes de sorpresa no tardaron en llegar. — ¡Takemichi! — Saludó animado mientras estrechaba un abrazo con el contrario. Este tardó en responder debido a la sorpresa. — ¿Cómo está- — No pudo terminar la frase, pues se vio interrumpido por las múltiples heridas que decoraban el rostro de Takemichi. Su mirada se oscureció inconscientemente, preocupado.

— ¿Qué te ha pasado en la cara? — Preguntó. Takemichi saltó del sitio, pensando alguna excusa en cuestión de segundos. — A-Ahm... Me caí de las escaleras ayer... — Se excusó, intentando no desviar la mirada, rascando su nuca de los nervios. — De veras. — Añadió, riendo a lo bajo.

Inui alzó una ceja, analizando al contrario con la mirada, leyendo entre líneas que no existían y hojas de un libro que se reflejaban en los ojos de Takemichi. Suspiró, no iba a indagar demasiado si este parecía reacio a hablar. 

— De acuerdo, te creeré. En fin, ¿Qué haces aquí? — Cambió de tema, con un sabor agridulce en la garganta, y también algo curioso por saber qué hacía Takemichi en esa zona y a esas horas. Alzó la mirada para ver el local del que había salido, encontrándose con la sorpresa de que era un viejo ciber. Arrugó el ceño, ciertamente asqueado al observar el polvo acumulado en los objetos de la vidriera. 

— ¿Estabas en un ciber? — Preguntó, haciendo volver a la realidad a Takemichi, recordándole el motivo por el que vino a ese lugar y por el que un hilo se le presentó con la llegada de Inui. 

Y aunque antes había dicho que no necesitaba la ayuda de nadie, o que simplemente no podía aceptar ninguna; para lo que él respectaba, preguntarle algunas cosas a Inui tampoco se podría considerar como haber pedido ayuda ¿No? Se auto-convenció, queriendo aprovechar el desconocimiento que tenía Inui acerca los viajes en el tiempo y en el hecho de que podía ser él mismo durante un momento.

— Sí... Necesitaba buscar algunas cosas para... El instituto, sí, el instituto. — Bien, mentir no era uno de sus mejores dones, para que negarlo, pensó Takemichi, recibiendo la mirada de sospecha del contrario, quien ya estaba cansado de notar dos excusas una detrás de otra. 

Se quedaron varios segundos en silencio, dejando que el ruido de la rueda quemando la carretera reinara en el lugar. Takemichi sudó frío e intentó evitar que una sonrisa nerviosa se le escapase de la boca. 

— Entiendo. — Respondió finalmente Inui, dejando el tema a parte y sacandole al otro un suspiro interno. 

Pero, repentinamente, el sonido de un plástico le llamó la atención a Takemichi, obligándole a bajar la mirada y observar la bolsa de plástico que tenía entre las manos. Torció la cabeza cuál cachorro. Señaló. — ¿Qué es eso? — Preguntó, curioso. Inui carcajeó levemente. — Nada interesante, simplemente es la compra, acabo de terminar y me iba a dirigir a casa. — Explicó, enseñándole al contrario el contenido, el cual no iba más allá que dulces, carnes y algún que otro paquete de pasta o arroz. 

¿Se iba a dirigir a su casa? Pensó Takemichi, dándose cuenta de que en cualquier momento Inui podía marcharse y él quedarse sin información útil sobre la Kanto Manji. No debía de desaprovechar esa oportunidad. Necesitaba una excusa. — ¿Te acompaño? — Preguntó, impresionado hasta él mismo de la rapidez con la que ideó la pregunta, rezando también para que el otro aceptase su compañía y pudiese permitirle preguntarle de mejor manera todo el tema sobre las pandillas. Inui, con una ceja alzada, ya sospechando de que el contrario quisiera algo en particular, decidió aceptar la compañía de Takemichi, dejándole paso libre a cualquier petición; él ya juzgaría sí merecía la pena cumplirla o no. 

Inexorable. | TakemikeyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora