El olor nostálgico de una caja de puzzle recién abierta era embriagador, sin embargo, el tacto de sus piezas le ponía la piel de gallina, era una textura áspera que odiaba y no sabía la razón. El contacto de sus yemas en el cartón era igual de irritante que el chirrido de un tenedor deslizándose por la superficie de un plato. Pero claro, era un puzzle, incluso si odiaba una de las caras de las piezas por su textura, no podía negarse a organizarlas por mucho que le fastidiara el tacto. Además, había sido el propio Takemichi quien le había rogado empezar a armarlo. No podía decirle que no, no a los ojos de cachorro que le había puesto.
— Eres muy bueno en esto. — Musitó, observando como la parte de Takemichi estaba más avanzada que la suya, independientemente de si habían empezado al mismo tiempo. El rubio canario sonrió orgullecido, rascándose la nariz inconscientemente, propio de un hábito.
Mikey sabía que Takemichi era bueno en los rompecabezas, era inteligente, ingenioso si teníamos que ser concretos. Su cuarto estaba repleto de cajas de los mismos y cuadros con los puzzles terminados. Jamás le había visto hacer uno, pero sabía que los hacía, que era muy bueno y que le gustaban bastante. ¿Quién lo diría? Rodó los ojos. No era que subestimase a Takemichi, solo que jamás se había imaginado que tuviera gustos tan mundanos o tan imperceptibles como podrían ser los rompecabezas.
Le gustaban los acertijos y muchos de los videojuegos que tenía giraban, aunque fuera un poco, entorno a los puzzles.
— Esto es lo que tiene tener años de práctica, Mikey. — Carcajeó, agarrando una pieza de la montaña que había de ellas, para luego encajarla, sin titubeos, a donde correspondía. Era absurdamente bueno y Mikey, por el contrario, ya se estaba estresando al no encontrar la pieza con el dibujo indicado. Takemichi ya tenía un cuarto del rompecabezas hecho cuando bufó celoso, quizás porque no tenía la misma agilidad mental que la que tenía él.
Al final terminó por rendirse momentáneamente y tomarse un respiro, sintiéndose abrumado por el ejercicio mental. Desvió la mirada hacia la ventana, al otro lado del vidrio no se veía más que el paisaje nocturno de un oscuro jardín y una muralla de piedra. Algunas luciérnagas correteaban por el lugar, muy pocas en realidad. Era de noche, veinte de junio y ambos estaban en casa del rubio ceniza.
Las temperaturas habían bajado unos pocos grados desde la llegada de la luna, los grillos habían tomado relevo, y se escuchaba por toda la casa, haciendo eco, el sonido de las agujas del reloj. Elevó la mirada al objeto que colgaba de una de las vigas del hogar, marcando la hora al ritmo de un "tic, tac". Estaban en el salón, sentados bajo una mesa de tortuga, con un centenar de piezas de puzzle sobre la madera, desperdigadas.
— ¿Qué te ha parecido la primera cita con la psicóloga? — Bajó repentinamente la mirada hacía Takemichi. Manjiro tenía la cabeza apoyada en su mano, vago, observando con un rostro indescifrable al Hanagaki. Lo miraba expectante, algo entusiasmado y con cierto brillo esperanzador en sus zafiros. Por alguna razón le pareció bonito ver esa mirada llena de vida.
Aquel mismo día Manjiro había ido a su primer día de terapia, acompañado de Takemichi. Este permaneció todo el camino a su lado e incluso esperó a que saliera, sentado en la sala que había al otro lado de la pared, y volviendo después juntos a casa, con preguntas varias de cómo le había ido la sesión.
Y... bueno, no las contestó con demasiado entusiasmo, así que Takemichi decidió no presionarle más. Ya preguntaría después, pensó en ese momento.
Aunque, en realidad, la terapia no le pareció tan mala como pensó en un primero momento; Mikey se la imaginaba más abrumadora, por alguna razón; llena de preguntas y exámenes clínicos, quizás incluso con medicamentos a punta pala. Pero no, la primera sesión había sido una simple presentación y charlas varias sobre su situación y de cómo se sentía. La mayoría de las preguntas no supo responderlas de manera efectiva, la mitad fueron vagas y un cuarto de ellas no las contestó, no sintiéndose capaz de poder sacar aquellas palabras de su tráquea.
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Inexorable. | Takemikey
FanfictionEl futuro era imposible de evitar y Takemichi era terco hasta morir. Era lo que pensaba Manjiro luego de que viese a Takemichi volver del futuro. Acontecimientos luego del futuro de Mikey!Bonten, spoilers del manga, la historia cambia a partir del ú...
