está bien llorar.

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Se balanceaba de un lado a otro en el columpio, deslizó sus yemas por las frías cadenas y escuchaba el chirrido que hacía el hierro oxidado. Pateaba el aire grácilmente, impulsandose sin mucho esfuerzo, queriendo estar en movimiento por mucho más tiempo. Su cabeza se deslizaba al compás del balanceo, su nerviosismo era disimulado con el poste imperturbable de sus ojos. Intentaba ser optimista, ser valiente; algo que seguramente cierto personaje de cabello negro y lacio haría. ¿Cierto? Tragó duro, intentando convencerse con los monólogos de los fantasmas.

Chifuyu dejó escapar un angustiado suspiro aquel mediodía, esperando la llegada de alguien a quién le juró la guerra días atrás. Entrecerró los ojos mientras el sol se colaba por las ventanas del árbol, abriéndose paso por la vegetación. Chifuyu se refugiaba cohibido del verano y las cigarras sonaban extremadamente cerca, ya que descansaban tranquilas en la corteza, ajenas a la ansiedad del de raíces negras. Su pendiente tintineaba de un lado a otro, su estómago se moría de los nervios y, a veces, por culpa de ciertos espasmos que surgían de la incomodidad, agarraba con demasiada fuerza las cadenas del juego infantil.

Elevó la mirada, casi por mero instinto, sin saber que al hacerlo, sería golpeado por frías y gélidas olas. Porque un turbado mar había inundado el parque como si un vaso, del tamaño de una casa, se hubiera desbordado sin previo aviso, dejando vía libre a que un tsunami arrasara con todo lo que viese y golpeara con violencia al chico de las esmeraldas. El océano iba a llevarse todo por delante, iba a hundir el parque completo y ahogarlo con su miseria. Su mandíbula se tensó cuando cruzó miradas con Takemichi, quien recién acababa de llegar. Se mantenía quieto, lejos y fuera del parque, mirándolo, titubeando sobre que tan buena era la idea de entrar a aquel coliseo de arena, donde ni las ramas más secas se atreverían a rodar cuál lejano oeste. 

Chifuyu lo había citado aquel mismo día para que hablaran, que conversaran sobre lo de la última vez, teniendo en cuenta que aquella noche terminaron discutiendo entre los montones de arena y empujándose uno al otro.

Takemichi tenía miedo, Chifuyu no había especificado por mensaje cuál era su opinión al respecto; no sabía si podrían hablar pacíficamente del tema o si volverían a golpearse como el día anterior. Un suspiro quebrado escapó de sus labios, intentando conseguir fuerzas para poder pasar la barrera de lo que era el pavimento y la arena del parque. Al final, con mucho esfuerzo, logró mover su pierna, que pesaba como el plomo. Sus zapatos se hundieron en los granos y siguió manteniendo la mirada perdida en el par de esmeraldas que se escondían bajo la copa del árbol, perdido en la balanza de los buenos y los malos. En un principio le costó caminar, pero al final consiguió acercarse con éxito, quedando frente al chico de raíces negras.

Chifuyu dejó de balancearse, quedándose completamente quieto en su sitio y levantando el mentón para poder observar mejor al rubio. Podía ver el miedo, la ansiedad y el temor en los ojos de Takemichi y, quizás, en sus propios ojos también. Quizás incluso a él le delataba la mirada. Suspiró ansioso.

Abrió los labios, sin embargo, no fue hasta segundos después que salió su primera palabra, que dejó que el orgullo se deslizara por su lengua y cayera en la arena, tal como si fuera un viejo trapo que estaba por ser tirado. — Yo... Lo lamento. — Musitó, ocultándose bajo la sombra, dejando que Takemichi permaneciera al otro lado de la línea divisoria, quedando en la luz como siempre había hecho. El de ojos zafiro se quedó varios segundos en silencio, no sabiendo qué decir al respecto para apaciguar el demoledor silencio de la ciudad. Ni un coche pasaba por la zona, el mundo entero les había permitido un tiempo a solas. — ¿Por qué... te disculpas? — Preguntó con un tono de voz tranquilo y sosegado, diluido también en tristeza y pena. Esquivó la mirada en la arena y jugó con el borde de su camisa.

Inexorable. | TakemikeyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora