Construyó durante toda su vida sus cimientos a base de las aspiraciones de los demás. Robó durante años sueños de muchos y objetivos de otros para unirlos en un rompecabezas que, aunque en un principio parecía que encajaría, a lo largo del tiempo se percató de que quizás había cometido un error y que, cuando ya nadie necesitara cumplir sus metas o cuando esas mismas personas terminaran siendo devoradas por un reloj de arena, caería de su torre hasta chocar contra el suelo.
La vista desde lo alto de la cima, donde los rayos del sol llegaban más de lo necesario, era donde el polvo que nadie podía tocar caía. Jamás pensó que, estar tan alto, poder tocar las nubes, sería un acto tan triste y desolador. Siempre pensó que, deslizar sus yemas en caminos traslúcidos con finas capas de humo, sería algo agradable y que le traería paz. Sin embargo, al contrario de lo que creyó inocentemente, el reflejo de cómo lo inalcanzable se escapaba de sus dedos, se convirtió en la cosa más insípida que jamás había podido experimentar en su corta vida.
La cima desde lo alto era solitaria y vacía. Pero ya no había vuelta atrás que le permitiera enmendar sus errores, quizás porque se aferró a su orgullo o porque jamás quiso verse débil frente a aquellos que pisoteó anteriormente. Sea cual fuera la razón, se cegó con los rayos del sol, perdió el rumbo y olvidó, en uno de esos cruces, hasta su propio nombre.
Así durante un período de tiempo tan difuso como el mismo horizonte, sumergido en un charco de amnesia. Así hasta que alguien, desde la oscuridad del abismo que tenía bajo sus pies, comenzó a golpear su pedestal, a estamparse una y otra y otra vez contra el muro, como si pudiera en algún momento hacerle caer de dónde estaba. Desde su altura jamás pudo ver quién era el que estaba emergiendo de las profundidades del carbón en busca de su caída. Pensó que sería alguien movido por el rencor, que no tuvo suficiente con una de sus patadas o simples puñetazos. Sin embargo, mediante el tiempo pasaba, una caballera ambarina emergió de entre las tinieblas, construyendo su pedestal con restos del suyo, arrebatándole los sueños que él había robado al igual que la responsabilidad que se había autoimpuesto.
Aquellas losas que se había impuesto él mismo, se las estaban robando con pico y esfuerzo. Y, en el momento menos esperado, dejó de estar en la cima, pues Takemichi Hanagaki lo acababa de superar, con todo el peso de un futuro perfecto en sus hombros.
Suspiró con pésame mientras deslizaba su frente por la puerta. Su cabello desenredado acariciaba el cuello, la mandíbula temblaba con un atisbo de vergüenza. No quería entrar en la habitación, no quería encontrarse de frente con el chico de zafiros. Rasgó sus nudillos por el frío metal, acariciando el pomo. Entrecerró los ojos con una mueca en el rostro, girando la cabeza a un costado, quedándose a mirar su reflejo en la ventana de la derecha. Sus obsidianas irradiaban terror, se veía sumamente débil y no podría hacer nada para evitarlo.
Quizás Hina tenía razón sobre que era un cobarde.
Paralelamente a una profunda respiración, Mikey enfocó la mirada, dejando atrás su reflejo para observar qué había detrás del cristal, divisando las ramas de un árbol con todas sus hojas y una mota negra entre la maleza verde. Había un cuervo colgado de ellas, mirándolo con aires de grandeza.
La mala suerte siempre había sido su marca en la vida, esa ave le recordaba en todo momento qué había hecho mal el destino con sus allegados.
Y ahora dicho cuervo lo miraba expectante como si fuera su verdadero reflejo, como si Manjiro Sano no fuera más que un cuervo que daba mala suerte.
El de plumas negras movía de un lado a otro su cuello, curioso del entorno, estático en su sitio y a espera de saber qué decisión tomaría Mikey respecto a lo que iba a ocurrir de ahora en adelante. ¿Abandonaría como un cobarde el edificio?, ¿Escaparía?, ¿O entraría en busca de la llave que abriría las cadenas que lo mantenían aferrado a quien sabe qué? Arrugó la nariz como un gato, afiló la mirada y observó como las hojas eran violentamente mecidas por el viento, metiéndole prisa. El cuervo se tambaleaba en su lugar, observando crítico al ser humano.
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Inexorable. | Takemikey
FanfictionEl futuro era imposible de evitar y Takemichi era terco hasta morir. Era lo que pensaba Manjiro luego de que viese a Takemichi volver del futuro. Acontecimientos luego del futuro de Mikey!Bonten, spoilers del manga, la historia cambia a partir del ú...
