besos nocturnos.

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Normalmente julio solía ser el mes donde no se hacía nada ni se solía tener alguna responsabilidad, era el mes donde cualquiera podía tirarse al suelo a ver televisión hasta que se aborreciera de ella, un mes donde nadie tenía nada que hacer ni mucho que planear. El mes perfecto para los vagos, en resumen. Y, sin embargo, ahí estaba, a inicios de julio y a punto de tener un ataque de estrés. Porque si bien era cierto que la secundaria había finalizado temporalmente, que ahora comenzaban las vacaciones de verano y ya había hecho todos los exámenes a los que faltó por culpa de todo el embrollo de la puñalada, todavía tenía otros asuntos que atender, como, por ejemplo, su propia salud mental, el juicio de Sanzu o el desequilibrio en el mundo de la delincuencia.

Bien, en unas cuantas semanas había pasado de todo y Takemichi ya estaba harto. El estrés se le subía hasta los hombros y suspiraba cada dos por tres.

Pero mejor hablemos por partes, primero, la salud mental del de ojos mar. Porque aunque internado en el hospital parecía tranquilo y confiado en sí mismo, todo eso terminó siendo una fachada, porque cuando dio un solo paso fuera de esas cuatro paredes, el mundo entero se le vino abajo. La desconfianza y la paranoia llegaron desde el interior de los pasillos para que les agarrara de la mano. 

Todavía vivía rememorando lo sucedido esa noche, recordando cómo forzó al extremo sus piernas y como el filo de un arma blanca presionaba su estómago. La noche seguía aún si era de día, sus ojos todavía podían ver la luna aun si solo quedaba el sol. Tenía miedo de salir y que ocurriese lo mismo, pensar en el simple hecho de volverse a encontrar con esa melena rosa, le generaba demasiado pánico.

Y se sentía impotente, impotente de no poder sobrellevar la situación tan bien como le gustaría. 

Porque sentía que ese ya no era su cuerpo, que su reflejo ya no era su reflejo, que, cuando cruzaba la calle, no podía evitar hacer los erráticos giros a ambos lados, hacia delante y hacia atrás, y vigilar que nadie estaba siguiéndole con un arma en la mano. No sentía que fuera su cuerpo en los momentos dónde se paralizaba por tonterías como cuando veía personas con el mismo color de cabello o ojos que su agresor. Su rostro se había quedado grabado a fuego en su retina y ni cerrando los ojos podría olvidar esas dos estrellas.

Así que ahora lo único que podía hacer, para seguir con su vida, era que estuviese acompañado a cualquier sitio que fuera, y, dicho acompañante, era normalmente, en la mayoría de las ocasiones por no decir todas, Manjiro Sano. 

Su madre no podía por temas laborales, alguien debía de mantener la casa y los gastos, no eran millonarios. Chifuyu estaba ocupado con las clases intensivas en el refugio de animales, le estaba poniendo mucho empeño a la idea de abrir una tienda de mascotas y poder cumplir el sueño de aquel nombre que era tabú en su grupo de amigos. Hina, por otro lado, también estaba yendo de aquí para allá por un voluntariado que había en un casal de verano, pues desde que Takemichi le comentó que en el futuro se dedicaba a ser maestra de primaria, la chica intentó adentrarse a ese mundo, con un voluntariado, porque todavía no estaba muy convencida sobre si sería buena tratando con infantes, aunque aquello sólo lo sabría cuando llegase agosto, cuando la actividad terminase, y Hina le contara a Takemichi su experiencia. 

En fin, en resumidas cuentas todos estaban ocupados menos él y Mikey, quien al no tener nada que hacer, y en compensación a todo lo que había hecho en junio para salvarlo, estaba dispuesto a acompañarlo a dónde sea que fuera, empezando a estrechar todavía más aquella relación que había dado por perdida a finales de mayo. 

Y, hablando de Manjiro y retomando el tema principal: otras de las razones por las cuales Takemichi estaba tan estresado era porque, aparte de tener su vida personal hecha un caos, también tenía otra vida que encargarse en el mundo de los delincuentes, pues, con alta o no, habiendo pasado semanas o no, el plan sobre derrocar la era de las pandillas todavía seguía en pie. Porque mientras el tiempo había transcurrido y él dado de alta, Brahman había abordado los territorios de Rokuhara Tandai, generando una confrontación que les llevó a utilizar el aclamado plan B que anteriormente se comentó. Para la suerte de todos, funcionó y la pandilla se desmanteló cuando la mitad de sus miembros fueron arrestados y llevados al reformatorio. No hubo muertes ni heridos de gravedad, con eso Takemichi todavía pudo respirar en paz, claro, "pudo", porque días después tuvo que hacer su respectiva parte del operativo.

Inexorable. | TakemikeyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora